Toma de la Plaza de Iguala, Guerrero

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Con mucho gusto y esmero,
a cantar voy el corrido,
de lo que en la plaza Iguala,
el día doce ha ocurrido.

Por fecha doce de Mayo,
memorias que son presentes,
fue tomado el Plan de Iguala,
por la fuerza de los valientes.

Como á las diez de este día,
se fueron los zapatistas,
porque les tuvieron recelo,
a las fuerzas carrancistas.

Combatiendo rudamente,
y con sobrado valor,
desfilaban por delante,
los del Estado Mayor.

Todo en silencio se veía,
al no rumorarse nada,
y de un momento a otro,
la plaza era tomada.

A los primeros disparos
que hicieron los carrancistas,
salían todos dispersados,
los soldados zapatistas.

El bravo general Amaro,
valiente y muy denodado,
avanzaba lentamente,
el combate era ganado.

En unos cuantos disparos,
de su fuerza bien armada,
los unidos á Zapata,
tomaban la retirada.

Toda la gente corría,
en ese golpe bien dado;
en unos cuantos segundos,
se veía solo el mercado.

Quedaron solas las calles,
con las puertas entreabiertas,
varias familias decían:
Ahora sí, ya fuimos muertas.

Pasaba ya media hora,
nadie se movilizaba,
sólo ocupaba las calles,
la valiente fuerza armada.

El cuadro era espantoso,
toda la gente escondida,
pensaban que en el momento,
iban á perder la vida.

En fin, pasaba ya una hora,
olléndose en lontananza,
murmuraciones distintas,
que ensalzaban a Carranza.

Poco á poco huyó el pavor,
tornándose en alegría,
el pueblo había visto ya,
la nueva luz de ese día.

Advertiré del combate,
que fué de grandes ventajas,
al darle al enemigo,
algún número de bajas.

Por este triunfo espartano
de la división Amaro,
hago recuerdo en mis versos,
de la lucha que ha ganado.

Que viva ese gran caudillo,
que ha luchado con esmero,
derrotando al enemigo
en el estado de Guerrero.

Daré hoy fin á mis versos,
con lo que ya he relatado,
pidiendo que este corrido,
si está mal, sea dispensado.

En otros versos diré,
de la campaña en Morelos,
de los combates habidos
en el estado de Guerrero.

Conserven bien estas páginas,
que les servirán de historia,
que son cosas muy bien ciertas,
no son inventos mi memoria.

No son mis versos de guasa,
ni de grande seriedad,
sólo hablan de algunos hechos
ocurridos en verdad.

Aquí da fin el corrido,
mi memoria más no alcanza,
sólo repito cantando,
vivan los que tomaron la plaza.

La muerte del sedicioso e infiel Jesús M. Guajardo

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No tantas se hacen al día
como se pagan velando,
y es justo, por vida mía,
el dar como vienen dando.

El asesino Guajardo,
por traición, mató a Zapata;
y a él, que fué de pico pardo,
también por ley se le mata.

Por llegar a general
fué de traición en traición,
a todos causando mal
y afrentando a la Nación.

Satélite de González
y aconsejado por él,
causó al pueblo muchos males,
haciendo muy mal papel.

Su reputación se alzó
cuando la huida de Carranza,
pues en él se hizo confianza
y la suerte le ayudó.

Más hasta en eso se ve
que su conciencia era poca,
pues él fue quien puso en pié
lo de la máquina loca.

Muchas víctimas cayeron
en desgracia en esa vez,
mas casi todos dijeron:
¡Azar de la guerra es!

Y así las cosas pasaron
y Guajardo se salvó,
pues todos consideraron
que el caos así lo exigió.

Pero esto no quieta, pues,
del hecho la gravedad;
ni deja de ser maldad,
como se juzgó después.

Hasta aquí se había salvado
el Guajardo en sus maldades,
más siguen sus liviandades
y sus hechos de malvado.

Se pronuncia; se le ataca,
se despedaza su gente,
y su maldad se destaca
como audaz, como insolente.

Y viéndose en la impotencia
porque nadie lo seguía,
no se acoge a la clemencia
ni la prudencia es su guía.

Sino que huye avergonzado
tras de su jefe y señor,
que es otro que se ha ofuscado
en las leyes del honor.

Se marcha hasta Monterrey
huyendo entre matorrales,
tras de Don Pablo González
como hombre de mala ley.

Y cuando hasta allí llegó,
huyendo entre matorrales,
tras de Don Pablo González
como hombre de mala ley.

Y cuando hasta allí llegó,
huyendo de su fracaso,
encuentra a su fuerte brazo
que ya también él cayó…

La justicia los separa;
se esconde, más dan con él,
y hace muy triste papel
cuando le hablan cara a cara.

A su jefe no rescata
y en un cuartel fué metido,
y allí queda detenido
el matador de Zapata…

A sumariarlo proceden
para ver cuál es su suerte,
y ya salvarse no pueden
de la sentencia de muerte.

Y el rudo conspirador
torpe, desleal e infidente,
no muere como un valiente,
y sí como vil traidor.

Mala muerte, el ambicioso,
desde su cuna declara,
pues desde luego prepara
un suplicio vergonzoso.

González, que fué el mentor
de Guajardo en liviandades,
verá que en sus terquedades
no tendrá suerte mejor…

El mérito se aquilata,
pero el error se castiga;
y aquél que al error instiga
también nuestra ley lo mata.

Dura es la Ley, pero es ley
que no perdona al osado;
y el caso de Monterrey
está bien patentizado.

Guajardo bajó a la tumba
y con él irá González;
¡Que así la maldad sucumba!
¡Que así acaben los desleales…!

Si el ejemplo prosperara
no habría más revolución,
y nadie se levantara
arruinando a la Nación.

Pero por suerte fatal
hay racimo de tiranos
que viven buscando el mal
a todos los mexicanos.

Asesinato del Valiente General Domingo Arenas

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Triste noticia les traigo
de un crimen que ya pasó
que á mi general Arenas
Ayaquica lo mató.

El valiente Don Domingo
á Ayaquica lo citó
para que se sometiera
con Carranza á quien sirvió.

Ayaquica muy formal
le dijo que fuera á Atlixco,
y que allí lo esperaría
para volver al aprisco.

Con su noble corazón
nunca temió una celada
y con su estado mayor
se dirigió a la Cañada.

Ayaquica lo esperaba
rodeado de sus soldados,
le dió el abrazo de Judas,
y retiró á los malvados.

Con astucia infernal
Fortino estaba contento
y le ofreció como amigo
trabajar para su intento.

Díjole que muchos jefes
de Zapata ya querían
rendirse, pues se cansaban
con la guerra que seguían.

E! general ya creyó
segura la rendición,
nunca pensó llegaran
á hacerle tan vil traición.

Despues que se pasó un rato
de pláticas y promesas,
le dijo que lo esperara
que iba á retirar sus fuerzas.

El general muy confiado
bien tranquilo se quedó
sin notar que por un flanco
un bulto se levantó.

Un coronel Zapatista
sacó el revólver traidor
y por detrás hizo blanco
en el confiado señor.

La traición se alzó terrible
un cerco de hombres malvados
no dejaron ya que Arenas
fuera por leales salvado.

Otras muchas balas luego
hicieron blanco después,
y como perros rabiosos
se arrojaron sobre dé él.

Su cadaver fué arrastrado
por los montes y los llanos
por quienes quiso tratar
como si fueran hermanos.

Así terminó aquel bravo
vencedor en San Martín,
en Chiautenpan y Tlaxcala,
Apizaco y San Joaquín.

Por su corazón valiente
y por su noble lealtad,
solo, y entre los malvados,
á Atlixco se fué á entregar.

Quisieron ellos vengarse
de la supuesta traición
que á la causa de Zapata
hizo con su rendición,

Es una causa perdida
la de Zapata Emiliano,
que hace sufrir con su saña
á este Pueblo Mexicano.

Los nobles son como Arenas
que no quieren ver llorar
á la pobre Patria mía,
y la van á consolar.

No los que van al avance
sin ponerse á trabajar,
y solo en el robo buscan
la manera de medrar.

Ahora su hermano Cirilo,
que también es general,
ha jurado la venganza
y se dispone a pelear.

Seguirá contra Zapata
una guerra sin cuartel,
y ojalá que el asesino
pague su crimen muy bien.

Ya les canté este corrido
que es triste, no hay que negar
pero si fué mal cantado
creo que me han de dispensar.

Corrido de Cirilo Serna

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El 30 de mayo según la noticia
que en este distrito llegó a circular
que fue capturado por los carrancistas
un gran veterano de arrojo sin par.

En eso Santa Ana Clacotelco estaba guardando
esa plaza cual buen liberal
don Cirilo Serna con su fiel brigada
cuando sorprendido se vio sin pensar.

Crisanto Quintero les sirvió de guía
cual un izcariote en la actualidad
puesto que los puntos muy bien conocía
porque zapatista había sido ya.

Poco más o menos las cuatro serían
de aquella mañana triste a mi pesar
cuando se acercaban a las caballerías
guiadas por la sombra de la obscuridad.

Cuando el centinela vio a sus avanzadas
les marcó el quién vive y ellos a la par
gritaron Carranza y luego las descargas
por todos los puntos se oían sin cesar.

Ante aquella fuerza feroz que atacaba
en número inmenso y abrumador
el general Serna hacía en retirada
dura resistencia cual hombre de honor.

Según se asegura su valor fue mucho
que fue prisionero y hasta que por fin
quemó al enemigo el último cartucho
diciendo cobardes dispongan de mí.

Fueron justamente por el prisionero
unos capitanes según se refiere
don José Saldívar y otros compañeros
David López y también Marcelino Pérez.

Fueron conducidos a la plaza y luego
los interrogaron cual hombre de honor
se rinden o se mueren y ellos muy serenos
con indiferencia vieron al traidor.

Serna contestándoles por ser de un partido
ante una descarga voy a sucumbir
prefiero la muerte, sería mi destino
sólo el que es cobarde se llega a rendir.

Pueden disponer de mí sin demora
no crean que de miedo me rinda eso no
prefiero la muerte que vivir sin honra
frente a una bandera que mi honor juró.

En aquella plaza fueron fusilados
los tres capitanes que mencioné ya
los que sucumbieron cual hijo de Esparta
pasando a la sombra de la obscuridad.

Serna fue llevado con gran vigilancia
para utilizarlo como aliado fiel
y llegando al punto de la Tierra Blanca
fue interrogado por segunda vez.

Puede Ud. mandar a traer a su segundo
y a toda la gente que a su mando está
tomar este cargo pues yo se lo juro
porque de otro modo no se salvará.

Pues no crea Quintero que con amenazas
que yo tal vez cambio de resolución
soy un prisionero y que viva Zapata
mueran los traidores de Nuestra Nación.

En el acto mismo cayó aquel valiente
bañado en su sangre por el proyectil,
Don Cirilo Serna, dejando vigente
pruebas tan notorias de valor civil.

Se acabó un valiente entre los generales
gracias al asalto en la obscuridad
de la división Everardo González
que en toda la sierra dominando está.

En fin me despido pero en hora buena
adiós David López un amigo fiel
adiós invencible don Cirilo Serna,
digno es de admirar tu valor civil.

LA CONVENCIÓN DE AGUASCALIENTES

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Al triunfar los Carrancistas
del Gobierno usurpador,
la Capital fué ocupada
por Carranza el vencedor.

Muchos Jefes no querían
que el Primer Jefe siguiera,
y acordaron que otro Jefe
en Convención se eligiera.

Carranza su anuencia dió
y se eligió a Aguascalientes,
para que allí se reunieran
y arreglar cosas pendientes.

Villa, Natera y Gutiérrez
trataron de hacer presión,
porque se quitara el mando
a Carranza sin razón.

Se discutió con denuedo
y se llegó a la conclusión,
que debía de ser nombrado
Presidente de la Nación.

Tres partidos se formaron
en aquella grande Asamblea,
Villistas y Carrancistas
y otro terció en la pelea.

Muchos días de discusiones
separaron a los leales,
y enemigos se volvieron
por cuestiones personales.

Con arranques de patriotismo
los Diputados propusieron,
que sus firmas se asentaran
en la enseña tricolor.

Hubo debates caldeados
para rebatir la idea,
y un enviado de Zapata
hizo una ofensa muy fea.

Desgarró nuestra bandera
diciendo que era quimera,
que un trapo no era la Patria
sino una enseña cualquiera.

Mucho trabajo costó
a la gente moderada
hacer que las armas guardaran
los que a luchar se aprestaban.

Después de no convencerse,
en muy largas discusiones
se hablaba de suspenderla
cuando hicieron concesiones.

Propuso el tercer partido
a E. Gutiérrez de Presidente
y a él se aliaron los Villistas
y Eulalio fué el Presidente.

Carranza nunca aceptó,
lo quitaron del poder
y a sus afectos mandó,
la Convención desconocer.

Villa avanzó en son de guerra,
y Carranza al retirarse
dejó la gran Capital
pa´en Apam atrincherarse.

Otra guerra se encendió
más fuerte y encarnizada,
Villistas y Carrancistas
destrozaron la Patria amada.

Veracruz fué Capital
del partido de Carranza,
y se guerreó con gran zaña
y la mayor desconfianza.

Con los buenos elementos
que agenció en el extranjero
pudo armar a nuevas tropas
y llegó a ser el primero.

Tomó la ciudad de Puebla
contra gentes de Zapata,
después se ocupó Pachuca
y llegaron a Oaxaca.

Luego a México tomaron
y a Querétaro también,
y en Celaya y el Bajío
Obregón triunfó muy bien.

Villa perdió cuanto tuvo
y hasta Chihuahua marchó,
y México pacificado
a Carranza lo ensalzó.

Se hicieron las elecciones
y a Carranza lo eligieron,
entrando al orden legal,
y en paz los que sucumbieron.

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