Mar 23
Letras Anenecuilco, Emiliano Zapata, José Muñoz Cota, revolucionarios, Zapatistas
Autor: José Muñoz Cota
Vengo a cantarles, señores,
una nueva novedad:
y es que Zapata está vivo,
pero vivo de verdad.
Cuando los viejos platican
cuento que el viento llevó
gustan de hablar de Zapata,
que muy niño se anunció.
Cuida el pueblo su leyenda
con alfarero fervor.
La pule, la va puliendo,
la guarda en una canción.
Después nos llega el “corrido”
de un ignorado cantor,
y así vive entre su pueblo,
lo que este pueblo adoró.
Gesta de los hombres fuertes
que dió la Revolución…
Zapata desde muy niño
en un corrido vivió.
Nos dice y anda diciendo,
algún viejo decidor,
que Zapata muy temprano
apuntó a libertador.
En Anenecuilco fue,
misérrima población
cerca de Villa de Ayala,
donde Zapata nació.
Jacales de Anenecuilco,
calleja donde creció
su cuerpo de niño serio
y concentrado vigor.
Una leyenda señala
su prematura intuición.
Leyenda que el pueblo quiere
y que este pueblo amasó.
Siendo muy niño, nos dice,
Emiliano presenció
cómo despojaba al padre
la injusticia del patrón.
¿Es que la tierra no es nuestra?
Si en esta tierra nació,
si en esta tierra ha jugado
y en esta tierra creció.
Zapata mira a su padre
que el trabajo encaneció.
Las manos del viejo tiemblan,
tiembla de rabia la voz.
Zapata mira a su madre
ocultando su dolor,
tras el rebozo que ciñe
y que el llanto ya mojó.
Zapata, el niño, no entiende
la injusticia del patrón.
¿Cómo les quita la tierra
cuando aquí siempre vivió?
Zapata niño predica
del jornalero la unión
y recuperar la tierra
que la codicia quitó.
No seas tonto, ha dicho el padre.
Todo lo puede el Señor.
Todo lo tienen los amos,
el indio sólo el dolor.
Entonces dijo Zapata
con extraña decisión:
Cuando sea grande, la tierra
se la quitaré al patrón.
Jan 14
Letras Antonio Aguilar, Benjamin Argumedo, Emiliano Zapata, Francisco I. Madero, México, Victoriano Huerta, Zapatistas
Viva Emiliano Zapata!
Amigos de las ciudades
de mi México querido
Escuchen este corrido
De sacrificio y amor
Fue mi padre un agrarista
y valiente Zapatista
Que jugase la vida
Como todo un gran señor
Partidario de la tierra
En armas se levanto
Para dejarles a sus hijos
El solar que tanto amo
Mi general Emiliano Zapata, presente
Dejando sus amoríos
Combatió con Argumedo
Cuando Victoriano Huerta
A Madero asesino
Su anhelo se corono
Por que en sangrienta batalla
Aquella bala perdida
Con su vida termino
Su sangre regó la tierra
Para bien del campesino
Gritando Viva Zapata!
Morir seria su destino
Jan 23
Letras Caballos, Emiliano Zapata, Morelos, revolucionarios, Vicente Fernández, Zapatistas
De corazón de chamaco
y de estampa primorosa
mas que mi cuaco de estima
era para mi otra cosa
mi amigo mi confidente
en los triunfos y derrotas
Haya en Jojutla Morelos
me encontré al jefe Zapata
se enamoro de mi cuaco
al mirar su fina estampa
y yo le dije mi jefe
tómelo para la causa
Para la patria mi vida
por eso di mi caballo
el se paraba derecho
al sentirse en otras manos
me hablaba con relinchidos
cuando yo me fui llorando
música, música, música
Yo le serví de pilmama
por que se quedo sin madre
murió la yegua en el parto
y en mis brazos pudo criarse
yo lo quise como a un hijo
y el a mi como a un padre
Por eso me dolió el alma
cuando se lo di a Zapata
yo no tuve hijos de sangre
para darlos a la patria
por eso di mi caballo
y con el también el alma
Después de servir bonito
en los campos de batalla
lo mataron en combate
en la cercanías de Cuautla
y así termino el potrillo
que le regale a Zapata
Jul 09
Letras Amilpas, Carrancistas, Zapata, Zapatistas
¡Jesús! ¿qué haremos con Guajardo, el león furioso?
ya no es posible soportarlo en realidad,
les aseguro que algún día nos vuelve locos
con tanto susto y carreras que nos da.
¿Es muy valiente? el pueblo es muy medroso
para batirlo con honor y dignidad
dónde está Neri, Ignacio Maya y el famoso
Camilo Duarte, que vieran tal actualidad.
Ya no hay unión, no hay igualdad en nuestra gente,
para asimismo defendernos de esas fieras,
ya no buscamos enemigos hacia el frente,
sino al reverso para proteger la vida.
No hay más, en fin, se llevaron esos valientes
nuestros ganados, guajolotes y gallinas,
mientras nosotros contemplamos muy inerte
allá en los montes más altos nuestra ruina.
Maldito miedo que nos tiene sumergidos
en un estado de indulgencia y estupor,
rindiendo culto siempre al sexo femenino,
sin preocuparnos de la vida y del honor.
Régulo dijo en un momento de heroísmo
“Guerra al tirano, cruel y déspota invasor,
primero es patria que familia”, y él tranquilo
mandó hacer fuego a las trincheras sin temor.
¡Ay! si la Esparta nos hubiera conquistado
circularía por nuestras venas el valor
nos batiríamos como bravos espartanos
contra las huestes de Carranza sin temor.
No dejaríamos que violaran los tiranos
nuestras doncellas, nuestros templos y el honor,
ni sufriríamos la infamia del tirano
ni nuestra frente se cubriera de rubor.
Ahora Zapata, león del sur, que en gloria exista
cuando se trata de un combate en la ocasión
sólo contempla más que puras codornices
corriendo en grupos sin ninguna dilación.
Luego se trata de buscar un escondite
mientras pasan los momentos de aflicción
mientras los bravos carrancistas muy felices
saquean los pueblos y se van a otra región.
Más sin embargo, sigue la misión bendita
noble Espartaco, que tus armas triunfarán,
si los bravos del hermoso Plan de Amilpas
no te secundan, pero al fin contigo están.
Don Genovevo de la O y Don F. Ayaquica,
don Everardo González y Beltrán,
Valentín Reyes y otros más están en lista,
Samuel Bonilla y el valiente Catalán.
Jul 07
Letras Chinameca, Madero, Monterrey, Morelos, Plan de Ayala, Zapata, Zapatistas
Como Judas tembló ante su crimen,
aquel crimen que al mundo asombró,
de un cobarde lo mismo repite,
otra historia que a otro hombre perdió.
Fue Guajardo el vil de los viles,
que no pudo en las luchas de honor
conquistar con aquellos fusiles
la existencia de un libertador.
Esto fue allá en San Juan Chinameca
diez de abril cuando un héroe murió,
cuando el grande don Pablo la Hiena
operaba por esta región;
no pudiendo vencer por la fuerza
y las armas de aquel gran campeón,
combinaron una estratagema
que horroriza a toda la nación.
Mexicano que tiene en sus venas
de Cuauhtémoc la sangre a la vez,
no asesina con esas vilezas.
A Zapata, una santa leyenda
le tendrá que juzgar cual un juez,
y veremos que no fue la Hiena
como el Judas muerto en Monterrey.
El caudillo suriano fue el genio
fuerte y firme en su santo ideal,
su memoria merece respeto
si es que se halla en la eternidad;
fue vendida en cincuenta mil pesos
por Guajardo el infame chacal
que asoló a nuestro bello Morelos,
aquel réprobo que hizo Satán.
Ni la sangre de toda la raza
maldecida por el buen pensar,
restituye la más cruel infamia
que registra en nuestro siglo actual.
¡Gloria al héroe de ese Plan de Ayala,
que ante Dios y ante la humanidad
por Dios y justicia imploraba
para hacerse un pueblo liberal!
A su tumba los negros crespones
hoy llevemos con respeto profundo
para hacer un recuerdo del hombre
que murió sosteniendo su ley,
del que nunca temía a los cañones
ni amenazas del alto poder;
sólo quizo enseñar a traidores
que amó al pueblo que lo vio nacer.
Como todo el pueblo ya lo sabe
lo que fue ese grande general,
quien altruista a los infames
alejó de su estado natal.
Ricachones que chupaban la sangre
a quienes oro y plata les dan,
derramando el sudor miserable
por cincuenta centavos quizá.
Fueron dueños del Estado
protegidos por Díaz y Corral;
ya no daban al proletariado
la justicia, todo era impiedad,
por millares de hectáreas contaban
los bandidos de nuestra entidad;
fueron tierras y agua que al pueblo
robaban en esa dictadura fatal.
Pero un hombre en el norte da el grito
belicoso para ir a pelear
contra Díaz y soldados malditos
que horrorizan a toda la nación;
y el Caudillo suriano, ofendido
de esa leva siniestra y rapaz,
hizo fiel juramento como indio
de salvar a su pueblo natal.
Pero como Madero no quiso
escuchar de ese pueblo el clamor
que le puso a llevar los destinos
de una patria llena de opresión
y Zapata, patriota y altivo,
ante la ara de nuestra nación
al apóstol aquel fementido
desconoce según su opinión.
Aquel hombre de bronce ya altivo
proclamó el Plan de Ayala con fe,
por dejar consumada su obra
que hace al pobre libre del burgués;
no luchó por un puesto de gloria
ni aceptó del traidor el laurel,
ni escuchó una voz protectora
de nación extranjera a la vez.
Ni el extinto Carranza con todos
sus bandidos pudieron vencer
a Zapata, que fue el gran apóstol
por su lema de justicia y ley;
fue su sangre vertida hecha lodo
por traidores que no olvidaré,
que mancharon su honor por el oro,
pero todo ya está en tinta y papel.
Yo sin ser del caudillo un soldado,
porque nunca podía yo mentir,
ha existido en mi pecho un santuario
para el nombre de aquel paladín
cuya fama pasó del océano,
y el problema agrarista de aquí
ya se cierne doquier y hace estragos
a esa raza de pulpos tan ruin.
Coloquemos por siempre en su tumba
negras flores el día diez de abril,
y allí estaremos compañeros todos
siempre juntos para hacer cumplir
Tierra Libre, que escribió la pluma
de Zapata, traicionado al fin
y a quien ese Dios de las alturas
que en paz goce si se encuentra allí.
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