Apr 09
Letras 1920, Buenavista, Cano, Enrique Hernández, Gomez Palacio, Guajardo, Isaac Garza, Monterrey, Obregón, Osuna, Ríos Zertuche, Torreón, Villa, Zapata
Autor: Eduardo Guerrero.
Las iras de Dios desata
quien a traición a otro hiere,
y siempre el que a hierro mata
ya saben que a hierro muere.
Esta sentencia terrible
hoy tuvo confirmación
porque Guajardo murió
a causa de una traición.
Guajardo se fingió amigo
de Zapata y a él se alió
y cuando lo vio confiado
a vil traición lo mató.
A la Paz le sirvió mucho
su acción innoble y falaz,
pero la moral fue herida
con esa acción incapaz.
Ahora en Monterrey se vio
cumplir divina sentencia
y a traición Cano entregó
a Guajardo sin conciencia.
Después del triunfo sonado
de González y Obregón.
Guajardo contra de Villa
salió con rumbo a Torreón.
Pero ya tenía su plan
de combatir al Gobierno
pues le dieron muy poco
o era un rebelde eterno.
Al partir de Buenavista
tuvo un percance terrible
pues impedía castigar
un delito muy punible.
Su chaufer mató a un sujeto
lo mandaron aprehender,
pero Guajardo se opuso
y lo tuvieron que vencer.
Salieron luego sus trenes
para el norte del país,
con mil doscientos soldados
pensando hacer un desliz.
Llegando a Gómez Palacio
se declaró en rebelión
desconociendo al Gobierno
y Poderes de la Unión.
Marchóse por la llanura
buscando ayuda eficaz,
por el rumbo del Saltillo
pues no se creyó capaz.
El Gobierno mandó tropa
que lo fuera a perseguir
y en la hacienda La Hediondilla
tuvieron que combatir.
Guajardo perdió la acción,
se dispersaron sus tropas
y con unos cuantos hombres
huyó con muy pocas ropas.
Se perdió por unos días
lo creían unido a Osuna,
cuando vino a aparecer
ya sin esperanza alguna.
En Monterrey se escondió
en la casa de su esposa,
allí lo encontró un amigo
y pasó cosa horrorosa.
Este le avisó al Gobierno
en qué casa se ocultaba
y lo hicieron aprehender
por quien ruin lo delataba.
Antonio Cano, era amigo
y también subordinado
y en la acción de la Hediondilla
se entregó y fue perdonado.
Guajardo no resistió
cuando fueron a aprehenderlo
pero a Cano le injurió
porque así llegó a perderlo.
Para formarle proceso
fue preso incomunicado
y en un Consejo de Guerra
a muerte fue condenado.
La noche del diecisiete
la pasó Guajardo en vela
y la sombra de Zapata
fue su única compañera.
Por la mañana a las siete
del dieciocho del actual
fue ejecutado Guajardo
en el Cuartel Terminal.
Seis soldados fusilaron
al matador de Zapata
mandados por Ríos Zertuche
y les regaló su plata.
Con la primera descarga
cayó herido el general
y el mayor Enrique Hernández
le destrozó el parietal.
Los deudos pidieron luego
se les entregara el muerto
y en la calle Isaac Garza
velaron su cuerpo yerto.
Sus restos duermen en paz
en el gran panteón del Carmen
y su fin no olvidarán
los que contra el Gobierno se alcen.
El pueblo ya está cansado
con tanta revolución
quiere paz; quiere trabajo,
y progreso en la nación.
Triste fin de un guerrillero
acabó de referir
a traición mató a su amigo
y otro le hizo a él morir.
May 17
Letras Cuauhtémoc, Guajardo, Madero, Mexicano, Monterrey, Morelos, Plan de Ayala, San Juan Chinameca, Zapata
Como Judas tembló ante su crimen,
aquel crimen que al mundo asombró,
de un cobarde lo mismo repite,
otra historia que a otro hombre perdió.
Fue Guajardo el vil de los viles,
que no pudo en las luchas de honor
conquistar con aquellos fusiles
la existencia de un libertador.
Esto fue allá en San Juan Chinameca
diez de abril cuando un héroe murió,
cuando el grande don Pablo la Hiena
operaba por esta región;
no pudiendo vencer por la fuerza
y las armas de aquel gran campeón,
combinaron una estratagema
que horroriza a toda la nación.
Mexicano que tiene en sus venas
de Cuauhtémoc la sangre a la vez,
no asesina con esas vilezas.
A Zapata, una santa leyenda
le tendrá que juzgar cual un juez,
y veremos que no fue la Hiena
como el Judas muerto en Monterrey.
El caudillo suriano fue el genio
fuerte y firme en su santo ideal,
su memoria merece respeto
si es que se halla en la eternidad;
fue vendida en cincuenta mil pesos
por Guajardo el infame chacal
que asoló a nuestro bello Morelos,
aquel réprobo que hizo Satán.
Ni la sangre de toda la raza
maldecida por el buen pensar,
restituye la más cruel infamia
que registra en nuestro siglo actual.
¡Gloria al héroe de ese Plan de Ayala,
que ante Dios y ante la humanidad
por Dios y justicia imploraba
para hacerse un pueblo liberal!
A su tumba los negros crespones
hoy llevemos con respeto profundo
para hacer un recuerdo del hombre
que murió sosteniendo su ley,
del que nunca temía a los cañones
ni amenazas del alto poder;
sólo quizo enseñar a traidores
que amó al pueblo que lo vio nacer.
Como todo el pueblo ya lo sabe
lo que fue ese grande general,
quien altruista a los infames
alejó de su estado natal.
Ricachones que chupaban la sangre
a quienes oro y plata les dan,
derramando el sudor miserable
por cincuenta centavos quizá.
Fueron dueños del Estado
protegidos por Díaz y Corral;
ya no daban al proletariado
la justicia, todo era impiedad,
por millares de hectáreas contaban
los bandidos de nuestra entidad;
fueron tierras y agua que al pueblo
robaban en esa dictadura fatal.
Pero un hombre en el norte da el grito
belicoso para ir a pelear
contra Díaz y soldados malditos
que horrorizan a toda la nación;
y el Caudillo suriano, ofendido
de esa leva siniestra y rapaz,
hizo fiel juramento como indio
de salvar a su pueblo natal.
Pero como Madero no quiso
escuchar de ese pueblo el clamor
que le puso a llevar los destinos
de una patria llena de opresión
y Zapata, patriota y altivo,
ante la ara de nuestra nación
al apóstol aquel fementido
desconoce según su opinión.
Aquel hombre de bronce ya altivo
proclamó el Plan de Ayala con fe,
por dejar consumada su obra
que hace al pobre libre del burgués;
no luchó por un puesto de gloria
ni aceptó del traidor el laurel,
ni escuchó una voz protectora
de nación extranjera a la vez.
Ni el extinto Carranza con todos
sus bandidos pudieron vencer
a Zapata, que fue el gran apóstol
por su lema de justicia y ley;
fue su sangre vertida hecha lodo
por traidores que no olvidaré,
que mancharon su honor por el oro,
pero todo ya está en tinta y papel.
Yo sin ser del caudillo un soldado,
porque nunca podía yo mentir,
ha existido en mi pecho un santuario
para el nombre de aquel paladín
cuya fama pasó del océano,
y el problema agrarista de aquí
ya se cierne doquier y hace estragos
a esa raza de pulpos tan ruin.
Coloquemos por siempre en su tumba
negras flores el día diez de abril,
y allí estaremos compañeros todos
siempre juntos para hacer cumplir
Tierra Libre, que escribió la pluma
de Zapata, traicionado al fin
y a quien ese Dios de las alturas
que en paz goce si se encuentra allí.
Apr 18
Letras Camilo Duarte, Carranza, Guajardo, Ignacio Maya, Samuel Bonilla, Valentín Reyes, Zapata
¡Jesús! ¿qué haremos con Guajardo, el león furioso?
ya no es posible soportarlo en realidad,
les aseguro que algún día nos vuelve locos
con tanto susto y carreras que nos da.
¿Es muy valiente? el pueblo es muy medroso
para batirlo con honor y dignidad
dónde está Neri, Ignacio Maya y el famoso
Camilo Duarte, que vieran tal actualidad.
Ya no hay unión, no hay igualdad en nuestra gente,
para asimismo defendernos de esas fieras,
ya no buscamos enemigos hacia el frente,
sino al reverso para proteger la vida.
No hay más, en fin, se llevaron esos valientes
nuestros ganados, guajolotes y gallinas,
mientras nosotros contemplamos muy inerte
allá en los montes más altos nuestra ruina.
Maldito miedo que nos tiene sumergidos
en un estado de indulgencia y estupor,
rindiendo culto siempre al sexo femenino,
sin preocuparnos de la vida y del honor.
Régulo dijo en un momento de heroísmo
“Guerra al tirano, cruel y déspota invasor,
primero es patria que familia”, y él tranquilo
mandó hacer fuego a las trincheras sin temor.
¡Ay! si la Esparta nos hubiera conquistado
circularía por nuestras venas el valor
nos batiríamos como bravos espartanos
contra las huestes de Carranza sin temor.
No dejaríamos que violaran los tiranos
nuestras doncellas, nuestros templos y el honor,
ni sufriríamos la infamia del tirano
ni nuestra frente se cubriera de rubor.
Ahora Zapata, león del sur, que en gloria exista
cuando se trata de un combate en la ocasión
sólo contempla más que puras codornices
corriendo en grupos sin ninguna dilación.
Luego se trata de buscar un escondite
mientras pasan los momentos de aflicción
mientras los bravos carrancistas muy felices
saquean los pueblos y se van a otra región.
Más sin embargo, sigue la misión bendita
noble Espartaco, que tus armas triunfarán,
si los bravos del hermoso Plan de Amilpas
no te secundan, pero al fin contigo están.
Don Genovevo de la O y Don F. Ayaquica,
don Everardo González y Beltrán,
Valentín Reyes y otros más están en lista,
Samuel Bonilla y el valiente Catalán.
Jul 11
Letras Benito Juárez, General Zapata, Hidalgo, Independencia, Juárez, México, Patria, Revolución, Zapata
Autor: M. A.
Saludo, oh Patria mía, la tumba de los Héroes
que están en gloria eterna gozando en dulce paz,
para ensalzar el nombre de Hidalgo y otros héroes
y bendecir la historia que hoy vine a consagrar.
Recordando de aquellos nobles ancianos
hoy la fecha de mil novecientos once
que han libertado a nuestro pueblo mexicano
del intento que amaban los españoles.
Hoy México en sus glorias secas no vio sus flores
la más pura esencia de su cáliz apuró,
convertida entretanto en sangre y en ardores
al ver que sus promesas ninguna se cumplió.
Dios le ha dado un poder tan soberano
a otro hidalgo que ha nacido en nuestra patria,
estas honras recibió don Emiliano
a quien nombramos señor General Zapata.
Hoy, si Benito Juárez volviese aquí a la vida,
iríamos muy gustosos a dar nuestra ovación,
entonces levantara su faz más resentida
como serena el alma de los tintes de una flor.
Este hombre que ha nacido en nuestro Estado
le ha pedido, por su honra, a Dios clemencia,
porque se ha visto que con la espada en la mano
él defiende con honor la independencia.
Comprendo yo que Juárez le dio desde su gloria
su cetro y su corona al bendecir su honor,
es fuerza que le demos del lauro la historia
y libre de este yugo a toda la Nación.
Si el trino que se escucha entre las aves
y la flor que da su aroma al suelo santo
mil honras te consagro en tus altares
y con el trino matinal borren el llanto.
En fin, si en lo futuro mis nobles ciudadanos
llegase otra conquista del gobierno español
tendremos siempre en cuenta al señor don Emiliano,
él irá a su defensa por nuestro pabellón.
Si en tumba más sombría llegase a verte
una palma dolorida voy a darte
y al llegar yo besaré tu losa inerte
recordando de la historia que dejaste.
En fin, señores, yo pienso cual pobre mexicano,
pedir una indulgencia, si la merezco yo,
y reciba por obsequio don Emiliano
laureles y guirnaldas y el centro de su honor.
A ti, digno General, hoy te pido
que te dignes dispensarme por tu honra
de mi suerte es un elogio el que he tenido
porque el autor fuiste en la sangre redentora.
En fin, ya me despido de esta amable reunión,
suplico que se sirvan mis versos otorgar,
ustedes muy bien saben que mi ramo no es trovar,
también me perdonan si he venido a importunar.
Mas en fin, nobles caudillos, me despido,
señor Eufemio y también don Emiliano,
Dios los bendiga para siempre por su mano
para librar a nuestro pueblo mexicano.
Jul 04
Letras Carranza, Cid, Conquista, Cortés, Jojutla, Patria, Tenchtitlán, Tlaltizapán, Zapata
Autor: Marciano Silva.
Voy a recordar del 13 de agosto
de mil quinientos veintiuno
en que a conquistar vino el asqueroso
Cortés a este suelo puro;
fue Tenochtitlán el sitio luctuoso,
que contempló taciturno
una mortandad que llenó de gozo
al trono ibero y de orgullo.
Después de cuarto centurias,
según poco más o menos,
volvió otra vez esta espuria,
fecha escrita a sangre y fuego;
ahí Cortés cruel tortura,
aquí Carrión dio un degüello
año 16 ¡qué injuria!
13 de agosto, recuerdo.
A la hermosa Villa de Tlaltizapán,
en domingo por desdicha,
llegaron las fuerzas del sur
a atacar a los bravos Carrancistas;
el triunfo obtuvieron, no hay ni qué dudar,
según corrió la noticia,
pero después de esto no tardó en llegar
el refuerzo a toda prisa.
Por el Amate Amarillo entró
un refuerzo a la lucha
y a poco llegó otro auxilio,
procedente de Jojutla,
y un fuego cruel y nutrido,
se oía en tan grande disputa
quedando ahí el enemigo,
vencedor en su obra injusta.
Las tropas del sur dejaron el sitio,
batiéndose en retirada,
con la prontitud de aquel que indeciso,
ve su esperanza frustrada
con mucha quietud por rumbos distintos,
se fraccionó muy animada
a echar otro albur cuando ya expeditos,
para el caso se encontraban.
Al retirarse Zapata,
con sus fuerzas liberales,
quedó dueño de la plaza Carrión,
esto fue notable;
en venganza de las bajas,
que le hicieron al cobarde
tocó a un degüello salvaje,
demostrando su barbarie.
Avido de sangre Carrión, altanero,
mandó que con arma en ristre
dos horas fatales dieron de degüello
a los pobres infelices
que como neutrales vivían en el pueblo,
sin prever el fin tan triste
que el cielo implacable tenía para ellos,
al son de alegres repiques.
Cuatrocientos sucumbieron,
según rindieron informes,
entre los cuales murieron
mujeres, niños y hombres,
sin culpa ahí perecieron,
gran número de varones
entre un dolor tan acerbo,
y muy grandes estertores.
Esa cruel falange de bárbaros tingos,
fraccionáronse en guerrillas
por todito el pueblo matando a los niños,
de diez años para arriba,
mujeres y hombres eran conducidos,
por aquellos fratricidas
a la calle y luego tenían su exterminio,
quedando al punto sin vida.
Como a brutos los lanzaban
y a la calle sin piedad
arrastrados los sacaban,
¡ay qué cruel barbaridad!
ahí los sacrificaban con
la mayor brevedad
sin que sus ruegos hallaran,
rasgo al fin de bondad.
Algunas mujeres caían de rodillas,
pidiendo al cielo clemencia;
los hombres rodaban dejando teñida
con sangre a la madre Vesta,
los niños lloraban buscando una mano,
humilde para su defensa,
mas los herodeanos reían como Atilas,
sin ninguna condolencia.
Hubo un desgraciado Atila,
por sobrenombre el Bendo,
que él solo quitó la vida a
cincuenta y dos paisanos;
que el alma tan noble y sencilla,
que corazón tan noble
que valor en honra brilla,
¡como la de un bravo hispano!
Unos abrazaban a sus pobres criaturas,
al ver a los herodeanos
pidiendo por gracia y con gran ternura,
perdón a aquellos tiranos;
unas sólo encontraban por clemencia burlas,
y por perdón un sarcasmo
y una muerte infausta con grande premura,
niños, mujeres y ancianos.
Carrión a su sed de sangre,
guiado por una venganza
tocó a degüello al infante,
haciendo horrible matanza;
mas creo que el cielo implacable,
lo premiará sin tardanza
llevándolo a los umbrales,
del infierno es mi esperanza.
Las calles estaban cubiertas de muertos,
insepultos a la vez;
sólo sus canallas inmundos espectadores,
con la mayor rapidez
sepultura hallaban sin ningún pretexto,
¡oh qué necia estupidez!
Pues las represalias en un cuerpo yerto,
demuestran avilantez.
Ese es el valor civil que
demuestran los tiranos
correlones en la lid,
donde lucha palmo a palmo
y valientes como un Cid
con inermes ciudadanos
porque es más triste morir
que matar a un desdichado.
Son los hijos que la Madre Patria
un día en su seno arrulló
y con un prolijo amor entusiasta
su ilustre nombre les dio,
cuyos beneficios pagan los piratas,
como un premio de rencor,
crueles asesinos, viles cual tetrarcas,
sin clemencia y pundonor.
La humanidad en su mente,
triste este caso deplora,
y juzgo que eternamente grabará
ya en su memoria
el mes de agosto el día 13,
fecha infeliz y notoria
donde guardará por siempre,
en páginas de la historia.
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