Jul 11
Letras Chinameca, Emiliano Zapata, Jesús Guajardo, Zapata
Con el sentir de mi patria voy a escrebir un renglón,
aunque mi pluma es inepta, carece de ilustración.
Ahora hablaré de Zapata que en Chinameca murió,
muerto por Jesús Guajardo bajo una infame traición.
Murió el caudillo suriano enemigo al español,
cuyo elemento insano que tanto dio al luchador
con el acero en la mano y con supremo valor
gritaba ¡muera el tirano, el déspota y el traidor!
Allá en los montes y valles se oyó el rugir del cañón,
también se escucharon ayes cuando el guerrero rodó
herido por la metralla, envuelto en sangre expiró
por darnos la libertad que el pobre pueblo perdió.
Los que murieron; los que viven son ahoy
los que disfrutan los puestos, sillas de gobernación;
allá en los campos de lucha pocos iban por valor,
ninguno quería obtener puesto de gobernador.
La muerte de ese caudillo diole gusto al español;
Decían: “ha muerto el bandido que tantos males causó”.
Es que estaban ofendidos del elemento opresor,
porque sus fincas Zapata en ruinas se las dejó.
Zapata fue un gran patriota y pelió de corazón,
nunca de sangre una gota derramó por ambición;
sólo que una mala nota la opinión pública dio,
fue la única derrota que el pobre pueblo perdió.
¡Adiós patriota esforzado! ¡adiós bravo luchador!
Leal y valiente soldado modelo de gran valor.
Nunca el pueblo mexicano olvidará en su interior
que el general Emiliano fue un grande defensor.
Jul 09
Letras Amilpas, Carrancistas, Zapata, Zapatistas
¡Jesús! ¿qué haremos con Guajardo, el león furioso?
ya no es posible soportarlo en realidad,
les aseguro que algún día nos vuelve locos
con tanto susto y carreras que nos da.
¿Es muy valiente? el pueblo es muy medroso
para batirlo con honor y dignidad
dónde está Neri, Ignacio Maya y el famoso
Camilo Duarte, que vieran tal actualidad.
Ya no hay unión, no hay igualdad en nuestra gente,
para asimismo defendernos de esas fieras,
ya no buscamos enemigos hacia el frente,
sino al reverso para proteger la vida.
No hay más, en fin, se llevaron esos valientes
nuestros ganados, guajolotes y gallinas,
mientras nosotros contemplamos muy inerte
allá en los montes más altos nuestra ruina.
Maldito miedo que nos tiene sumergidos
en un estado de indulgencia y estupor,
rindiendo culto siempre al sexo femenino,
sin preocuparnos de la vida y del honor.
Régulo dijo en un momento de heroísmo
“Guerra al tirano, cruel y déspota invasor,
primero es patria que familia”, y él tranquilo
mandó hacer fuego a las trincheras sin temor.
¡Ay! si la Esparta nos hubiera conquistado
circularía por nuestras venas el valor
nos batiríamos como bravos espartanos
contra las huestes de Carranza sin temor.
No dejaríamos que violaran los tiranos
nuestras doncellas, nuestros templos y el honor,
ni sufriríamos la infamia del tirano
ni nuestra frente se cubriera de rubor.
Ahora Zapata, león del sur, que en gloria exista
cuando se trata de un combate en la ocasión
sólo contempla más que puras codornices
corriendo en grupos sin ninguna dilación.
Luego se trata de buscar un escondite
mientras pasan los momentos de aflicción
mientras los bravos carrancistas muy felices
saquean los pueblos y se van a otra región.
Más sin embargo, sigue la misión bendita
noble Espartaco, que tus armas triunfarán,
si los bravos del hermoso Plan de Amilpas
no te secundan, pero al fin contigo están.
Don Genovevo de la O y Don F. Ayaquica,
don Everardo González y Beltrán,
Valentín Reyes y otros más están en lista,
Samuel Bonilla y el valiente Catalán.
Jul 07
Letras Chinameca, Madero, Monterrey, Morelos, Plan de Ayala, Zapata, Zapatistas
Como Judas tembló ante su crimen,
aquel crimen que al mundo asombró,
de un cobarde lo mismo repite,
otra historia que a otro hombre perdió.
Fue Guajardo el vil de los viles,
que no pudo en las luchas de honor
conquistar con aquellos fusiles
la existencia de un libertador.
Esto fue allá en San Juan Chinameca
diez de abril cuando un héroe murió,
cuando el grande don Pablo la Hiena
operaba por esta región;
no pudiendo vencer por la fuerza
y las armas de aquel gran campeón,
combinaron una estratagema
que horroriza a toda la nación.
Mexicano que tiene en sus venas
de Cuauhtémoc la sangre a la vez,
no asesina con esas vilezas.
A Zapata, una santa leyenda
le tendrá que juzgar cual un juez,
y veremos que no fue la Hiena
como el Judas muerto en Monterrey.
El caudillo suriano fue el genio
fuerte y firme en su santo ideal,
su memoria merece respeto
si es que se halla en la eternidad;
fue vendida en cincuenta mil pesos
por Guajardo el infame chacal
que asoló a nuestro bello Morelos,
aquel réprobo que hizo Satán.
Ni la sangre de toda la raza
maldecida por el buen pensar,
restituye la más cruel infamia
que registra en nuestro siglo actual.
¡Gloria al héroe de ese Plan de Ayala,
que ante Dios y ante la humanidad
por Dios y justicia imploraba
para hacerse un pueblo liberal!
A su tumba los negros crespones
hoy llevemos con respeto profundo
para hacer un recuerdo del hombre
que murió sosteniendo su ley,
del que nunca temía a los cañones
ni amenazas del alto poder;
sólo quizo enseñar a traidores
que amó al pueblo que lo vio nacer.
Como todo el pueblo ya lo sabe
lo que fue ese grande general,
quien altruista a los infames
alejó de su estado natal.
Ricachones que chupaban la sangre
a quienes oro y plata les dan,
derramando el sudor miserable
por cincuenta centavos quizá.
Fueron dueños del Estado
protegidos por Díaz y Corral;
ya no daban al proletariado
la justicia, todo era impiedad,
por millares de hectáreas contaban
los bandidos de nuestra entidad;
fueron tierras y agua que al pueblo
robaban en esa dictadura fatal.
Pero un hombre en el norte da el grito
belicoso para ir a pelear
contra Díaz y soldados malditos
que horrorizan a toda la nación;
y el Caudillo suriano, ofendido
de esa leva siniestra y rapaz,
hizo fiel juramento como indio
de salvar a su pueblo natal.
Pero como Madero no quiso
escuchar de ese pueblo el clamor
que le puso a llevar los destinos
de una patria llena de opresión
y Zapata, patriota y altivo,
ante la ara de nuestra nación
al apóstol aquel fementido
desconoce según su opinión.
Aquel hombre de bronce ya altivo
proclamó el Plan de Ayala con fe,
por dejar consumada su obra
que hace al pobre libre del burgués;
no luchó por un puesto de gloria
ni aceptó del traidor el laurel,
ni escuchó una voz protectora
de nación extranjera a la vez.
Ni el extinto Carranza con todos
sus bandidos pudieron vencer
a Zapata, que fue el gran apóstol
por su lema de justicia y ley;
fue su sangre vertida hecha lodo
por traidores que no olvidaré,
que mancharon su honor por el oro,
pero todo ya está en tinta y papel.
Yo sin ser del caudillo un soldado,
porque nunca podía yo mentir,
ha existido en mi pecho un santuario
para el nombre de aquel paladín
cuya fama pasó del océano,
y el problema agrarista de aquí
ya se cierne doquier y hace estragos
a esa raza de pulpos tan ruin.
Coloquemos por siempre en su tumba
negras flores el día diez de abril,
y allí estaremos compañeros todos
siempre juntos para hacer cumplir
Tierra Libre, que escribió la pluma
de Zapata, traicionado al fin
y a quien ese Dios de las alturas
que en paz goce si se encuentra allí.
Jul 04
Letras Amayucan, Chinameca, Emiliano Zapata, Felipe Neri, Huichila, Jonacatepec, Juáregui, Omañan, Tepepa, Tepexco, Zapata, Zapatistas
La hacienda de Chinameca
sobresaltada tembló,
al ver que ya por Huichila
derribaban el portón.
Fue un veintinueve de mayo
después de que el sol salió,
a los patios de la hacienda
Zapata esforzado entró.
Hacienda de Chinameca,
¿dónde estará tu patrón?
En las trojes de la hacienda
está del indio el dolor.
El odio del indio es justo,
justo y santo su furor…
Zapata lo ha comprendido,
Zapata el libertador.
En la hacienda se encontraron
de parque una dotación
y cuarenta rifles savages
que la guerrilla incautó.
De nuevo siguen la marcha
que en Tepexco descansó;
en Amayucan, Tepepa,
cerca de la población.
¡Valientes los zapatistas!
¡Qué denodado su ardor!
Sin armas y sin provisiones,
Jonacatepec los vio.
En cambio los federales…
–¡pobre engañado “pelón”!
toda la noche combaten
contra de la insurrección.
Zapata la retirada
en vista de esto ordenó;
Felipe Neri la cubre,
con inaudito valor.
Con Morales, con Navarro,
Felipe Neri, en reunión,
con Juáregui y con Omañan,
ya Zapata el redentor.
Los jacales y las milpas,
sacudieron su clamor…
¡Viva Emiliano Zapata
de los indios defensor!
¡Viva Emiliano Zapata!
El campo ensancha su voz…
viene este grito a los valles
y en los riscos se prendió.
Los indios, los niños indios,
los que crecen al dolor
de uncir su vida a las siembras,
lo ven pasar con amor.
Zapata lleva anhelante
su grito de redención,
la tierra lo mira fuerte
y sereno junto al peón.
Jun 30
Letras Cuautla, Emiliano Zapata, Morelos, Revolución, revolucionarios, Zapata, Zapatistas
En Cuautla, Morelos hubo
un hombre muy singular,
justo es ya que se los diga:
hablándoles, pues en plata,
era Emiliano Zapata
muy querido por allá.
Todo es un mismo partido,
ya no hay con quién pelear;
compañeros, ya no hay guerra,
vámonos a trabajar.
Ya se dieron garantías
a todo el género humano,
lo mismo que al propietario
como para el artesano.
¡Unión! que es la fuerza santa
de todito el mundo entero,
Paz, Justicia y Libertad
y gobierno del obrero.
Así como los soldados
han servido pa’ la guerra,
que den fruto a la nación
y que trabajen la tierra.
¡Quién no se siente dichoso
cuando comienza a llover!
Es señal muy evidente
que tendremos qué comer.
Si los campos reverdecen
con la ayuda del tractor,
es el premio del trabajo
que nos da nuestro sudor.
El oro, no vale nada
si no hay alimentación:
es la cuerda del reloj
de nuestra generación.
Quisiera ser hombre sabio
de muchas sabidurías;
pero más quiero tener
que comer todos los días.
Dan la una, dan las dos,
y el rico siempre pensando
cómo le hará a su dinero
para que vaya doblando.
Dan las siete de la noche
y el pobre está recostado,
duerme un sueño muy tranquilo
porque se encuentra cansado.
¡Dichoso el árbol que da
frutos, pero muy maduros:
Si señores, vale más
que todos los pesos duros!
No quiere ya relumbrones
ni palabras sin sentido,
quiere sólo garantías
para su hogar tan querido.
Es el mejor bienestar
que el mexicano desea:
que lo dejen trabajar,
para que feliz se vea.
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