ELEGÍA A EMILIANO ZAPATA

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Capitán de la tierra, señor de los labriegos;
déjame hacer la nota de tus altos honores,
no es violín dolido de lágrimas y ruegos,
sino en la caña limpia, clarín de los pastores.

Altivo y montaraz; noble, rebelde, incultivado,
señor, tú no eras de esos lujosos capitanes,
que hacen la estatua en un sillón dorado;
¡tú hiciste a fuego el milagro de los panes!

Nimba al laurel, con un fulgor distinto,
tu bronce, tu dolor, tu luz, tu talla;
héroe montado al potro del instinto,
y guiando el pueblo el sol de tu batalla.

Tu heroica dimensión y tu estatua egregia,
nos sirven para hacer la copia hermosa,
de los que pelearon sin mapa ni estrategia,
de los que perdieron pan, tierra y esposa.

Cuando tú vestiste señor, los hábitos guerreros,
tu patria era una cárcel, inmensa y vegetal;
los peones, los acasillados, eran hombres prisioneros,
eran bestias de arado, de noria y de jacal.

Cuando tú montaste, señor, tu potro ligero,
hubo dos bandos y un pleito nacional;
ahí estaba el rentista, el nuevo encomendero,
el cacique, el licenciado y el ladrón municipal.

Contra ti, señor, pelearon todos los que ven
en la Patria, una hacienda y un harén.
Contra ti los que medran en todo mercado,
vendiendo los llanos de los que han sembrado.
Contra ti apelaron todos los que han hecho
un palacio y una mina, a espaldas del derecho.

Los rudos sembradores, señor, fueron contigo;
la tropa sin dinero y sin cartucho;
los desposeídos, la gente sin abrigo,
los que nada deben y han pagado mucho.

Cuando la tierra vio la llama de tu sable,
cuando miró pasar tu sombra perseguida,
tu mano vengadora, tu cara inalterable,
abrióse en cada surco, un lecho, una guarida.

Tu lucha, señor no era el combate transitorio,
la fugaz marea, el odio de la turba pasajera;
era la tuya, pelea esencial de un territorio;
sin tierra, no hay destino, ni sueño, ni bandera.

¡Todos somos, todos somos señor, algo de tierra!
la vaca fértil, los niños, los ágiles caballos,
el café, el ajonjolí que va a la guerra,
la boca del ciruelo, la flauta de los tallos.

¡Todos somos, todos somos señor, algo de tierra!
De la tierra que lanza las rosas suspiradas
la que funda el árbol, el pájaro y el trino;
la que labra el cuerpo vertical del pino,
la que da el azahar de las enamoradas.

Tú soñaste, señor, la red de esos canales,
que hacen la fresca geografía del trigo;
¡sólo el trigal construye los vínculos cordiales!
¡cada hombre sin pan, lleva un puñal consigo!

Señor, la patria que soñaste está haciendo
al calor de tu sangre y de tu hazaña;
firme y recia en el dolor, irá creciendo;
y dulce y recta en el amor, como la caña.

Tu voz, señor, tu nombre, tu raíz,
crecen con ella, crece una Patria donde asoman,
su boca el girasol, sus dientes el maíz,
y el algodón su breve corpiño de paloma.

Crece un país, crece en la flor de sus avenas;
crece en el bosque y sus atmósferas futuras;
crece en las presas que son ánforas seguras,
para calmar la sed mortal de las arenas.

Crece un país en la zafra generosa
en el arroz que fragua su perla numerosa
y el rubí solar de los granados;
crece en la ubre, que es máquina industriosa
de la tenaz maternidad de los granados.

Crece un país en el vivero que germina
y en vigor feliz de la cosecha buena;
crece un país donde la gente campesina,
libra su lucha de ejército y colmena.

Padre del surco, señor de la tierra liberada;
bastará un rincón de tierra fresca,
de patria fértil, de patria cultivada,
para que el fruto de tu hazaña crezca.

El pueblo te dirá su amor y su esperanza,
héroe sin muerte, sin término y sin fecha
¡en una canto de arados en labranza!
¡y en un himno de trigos en cosecha!

LA TOMA DE CHILPANCINGO

Sin comentarios

Nobles patriotas que en las montañas
ven del pueblo la admiración,
cuando escondidos en las cabañas
se oye el feroz rugir del cañón.

n hombre idiota de mala saña,
que fue D. Luis Gral. Cartón,
diría y cruel de malas entrañas
todo pagaste en una ocasión.

Un pueblo culto, la heroica Cuautla
que investigaba su falsedad,
salvaje bajaste a Cuautla
acostumbrado siempre a incendiar.

Que viva Huerta, muera Zapata,
decían los Juanes sin vacilar,
cuando justa, esa es la Patria
y sus armas ha de ganar.

Fuiste sin duda tú para Huerta
el hombre raro en esta ocasión
y no pensabas que en la revuelta
tú pagarías con tu batallón.

Pero Zapata que estaba alerta
tirando siempre al usurpador,
hasta que tuvo noticia cierta
que al fin bajabas con gran valor.

Hubo una junta en San Pedro Hidalgo
que varios jefes en esta vez,
pues se marchaban con mucho agrado
hacia otros puntos donde usted dirá.

Hay muchos jefes, varios soldados,
que se encontraban con grande fe
de prueba que el Colorado
que por entonces era cuartel.

En Chilpancingo, según se dice,
los generales eran un rey,
también Cartón, Ponciano Benítez
y el Gral. Juan Apoloncy.

Ellos soñaban que eran felices
y resoplaban tanto que un güey,
y los pelones echan de gices
vengan bandidos a comer güey.

Así gritaban los pobres juanes,
sobre las casas de la ciudad,
rompiendo el fuego todos iguales
Cartón gritaban con vanidad.

Muera Zapata, no crean que gana
porque él no tiene capacidad;
que viva Huerta, porque si sabe
regir un pueblo y gobernar.

El general internóse un día
hacia la plaza se dirigió,
cuando Vicario, veloz corría
para salir de la población.

Los zapatistas sólo veían
“alto” y “quién vive”, sólo se oyó.
Cartón gritaba: “viva Chón Díaz”,
y por engaños, así salió.

Ya había batido a los cartonistas,
para Acapulco querían correr
con sus cañones de dinamita,
el sitio aquél querían romper.

Pero arreglados los zapatistas
los esperaban con grande fe,
ya de antemano se hallaban listas
todas las fuerzas a acometer.

Iban corriendo por el camino
haciendo fuego sin descansar,
duró la empresa y el primer tiro
que a los tiranos habían de dar.

También Cartón, el enfurecido,
se parapeta en un tecorral;
allí a balazos fue recibido
y enfurecido hacía fuego mal.

Ya había pasado según la raya
en esa guerra que supe yo,
cayendo en manos del jefe Maya,
a quien su espada luego entregó.

No crea mi jefe que yo me vaya,
yo sólo quiero me haga un favor:
que entierre a mi hijo que en la batalla
hace un momento muerto cayó.

Maya le dijo vaya a enterrarlo
tiene permiso por la ocasión.
Así que vaya y enteirre a su hijo
vamos a hacer su presentación.

Veía a sus deudos como los hijos
hijo de mi alma morir mejor,
tras el sepulcro quiero tal hijo,
yo fui tu padre, adiós, adiós.

Mi general mi alma está grata
benevolencia yo la amaré,
yo queiro ver a alguien de Zapata
y conocerle siempre ansiaré.

Usted es Cartón, el jefe de Cuautla,
mi general no lo negaré,
pues sepa usted que yo soy Zapata
el que por los montes buscaba usted.

EL QUINTO DE ORO

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Lo que es el quinto Regimiento nunca pierde; no
decían los de ése Batallón
cuando a Morelos dispusieron los rebeldes
sitiarlos en la ocasión
sobre las torres y azoteas se veían alegres,
haciendo alarde de instrucciones
porque pensaban que entrarían pero muy breve
toditos en montón.

Nosotros somos disciplinados,
decían con grande satisfacción,
no pistoleros como estos vagos
huamuchileros sin instrucciones,
nosotros somos condecorados
los más valientes de la nación
y el azote de los malcriados
que se han lanzado a la rebelión.

Lo que es aquí no se pasean
como allá en Chiautla no,
con música y fina atención;
porque los hombres que defienden
esta plaza, son de purito León
lo que es aquí con la ametralladora basta
para hacerles su recepción,
y si no corren ya verán lo que se sacan
los indios en la ocasión.

Pobres pelones, tal vez pensaban
que aquí los indios iban a huir,
nomás al ver relumbrar las armas
o al oír los toques de su clarín
pobres pelones, del quinto vayan
y cuenten a otros que por aquí
nomás tres piedras, porque la fama
que hay Zapata no tiene fin.

Era imposible que perdieran nombre y fama, no
los rebeldes de esta región,
porque llevaban a la reina soberana, sí
de nuestra fiel nación;
por eso siempre cuando entraban en campaña, sí
decían con grande veneración
¡Viva la Patria!, ¡Viva la Guadalupana!
y muera la reelección.

Adiós el quinto de oro afamado,
mi pueblo llora tu proceder
pues prometistes el ampararnos
y al fin corriste, qué hemos de hacer
en otras partes habías triunfado,
pero aquí en Cuautla no sé por qué
los calzonudos te corretearon
porque con ellos tan sólo tres.

Versión según Gilberto Vélez

Pobre “Quintito” de oro afamado
no sé cuál era tu proceder
en otras partes habías triunfado
pero aquí en Cuautla no sé por qué.

Nos prometiste el ampararnos
pero corriste, qué hemos de hacer.
Te corretearon los calzonudos
porque a Zapata le tiran tres.

Corrido de Marciano Silva

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Horas tan tristes que a mi corazón lastiman.
Por la noticia tan atroz que recibí.
De un fiel amigo persona de alta estima
Marciano Silva que ha dejado de existir.

Su gran musa ha enmudecido para siempre.
No volveremos a encontrarla ya jamás.
A Dios le pido su descanso humildemente.
Y en su gloria inaccesible goce en paz.

Seis de febrero fue la fecha en que murió
el gran Versista y poeta de Morelos,
recuerdos gratos para siempre nos dejó
él como vate fue la honra en nuestro suelo.

No hay quien se acuerde ni mencione ya su nombre,
del paladín de las hazañas de Zapata.
Para el olvido la memoria de los hombres
que en otro tiempo le sirvieron a su patria.

Como poeta fue la honra de Morelos
y luchador de los ideales libertarios.
Como hombre grato le consagro mis recuerdos
y así lo harán los compañeros de mi Estado.

La triste fecha del año cuarenta y cuatro
con letras de oro en mi memoria escrito está.
Sólo recuerdos en el alma hechos muy gratos
del gran versista que en su tumba duerme en paz.

No volveremos a encontrar a don Marciano
por más que ufanos lo busquemos por doquiera,
salió de viaje y tal vez sería de Arcano
el separarse de este mundo de miserias.

Todos sus cantos de renombre los conservo
y los publico con ahínco y voluntad,
porque nacieron de la mente de un cerebro
que fue versista y trovador en realidad.

Ahora resultan trovadores por doquiera
y cantadores afamados de cartel,
y Salomones que prosiguen en sus huellas
soñando grato ese su indigno proceder.

Esos modernos han querido superar
aquellos hombres que estudiaron en colegio,
y al mismo tiempo no han sabido respetar
a las lumbreras que nacieron de talento.

Pero en mi mente para siempre vivirán
aquellos hombres de saber y de elocuencia,
que fueron la honra y supieron respetar
porque pudieron ser la llave de la ciencia.

Nunca jamás olvidará que don Marciano
fue distinguido entre los grandes trovadores.
Mi gratitud que fui por él condecorado
hoy le deploro en mis humildes renglones.

Fui publicista y lo seré mientras yo viva
y sus cantares en mi mente los conservo,
sus dignos versos y aquellas hermosas rimas
como un santuario las consagro como debo.

Tal vez mañana que en el mundo ya no exista
porque la parca traicionera me arrebate,
en grandes páginas su historia quede escrita
por un humilde trovador escaso de arte.

Jamás olvido que fui bastante estimado
y sus afectos siempre a mí consagró,
hoy que no existe mi maestro don Marciano
me encuentro solo como Friano en la ocasión.

Solo he quedado y con tristeza me despido
a esta plegaria aquí le doy su conclusión,
estos renglones los dedico a un fiel amigo
que fue poeta y un grande trovador.

Suplico entienda el auditorio que me escucha
lo que en mis versos he venido a publicar,
soy el autor y mi lugar solo lo ocupan
mis publicistas en el arte de cantar.

Aquí termina ya por fin mi triste historia
sabrán ustedes que no soy un soñador,
solo dedico este recuerdo a la memoria
de un hombre ilustre que en Morelos sucumbió.

Corrido al sanguinario General Robles

1 Comentario

Dios te perdone Juvencio Robles
tanta barbarie, tanta crueldad
tanta ignominia, tantos horrores
que cometiste en nuestra entidad.

De un pueblo inerme los hombres corren
y después de eso vas a incendiar
que culpa tienen sus moradores
que tú no puedas al fin triunfar.

Si es que a Emiliano Zapata buscas
allá en los montes encontrarás
marcha a los campos y contra él lucha
y así de gloria te cubrirás

Deja a los pueblos no tienen culpa
ya no los mandes exterminar
el que es valiente nunca ejecuta
hechos tan viles como el actual.

Lo que es Cartón y Razgado en suma
en nuestro Estado nunca podrán
vencer a Neri que es la figura
más formidable que hay en el Plan.

Saben al fin los sitios que ocupan
al fin se animan pero no van
y como pruebas les daré algunas
de sus hazañas en realidad.

Llegan a un pueblo que abandonado
los habitantes dejaron ya
tiran balazos por si emboscados
los zapatistas llegan a estar.

Si ese saludo no es contestado
entonces entran luego a incendiar
triunfar los leales en pueblo aislado
y al fin lo dejan sin un hogar.

Los zapatistas llegan a un pueblo
y si es un número regular,
le ponen parte luego al gobierno
más inmediato sin dilatar,
aquí se encuentran los bandoleros
pueden venirlos a exterminar,
y el bravo jefe responde luego
cuentos de viejas, qué van a estar.

Pero si saben que ya se fueron
y que muy lejos deben estar,
entonces marchan pero ligeros
con sus cañones a bombardear,
las pobres casas son los guerreros
con quienes van a contrarrestar
y las familias que sin remedio
se las llevan en trofeo marcial.

Cuántos pacíficos han matado
Cartón en su cruel avilantés
cuando algún pueblo llega a incendiar
y en sus hogares encuentra alguien
luego en su parte pone el menguado
honróme participar a usted
que zapatistas he derrotado
quité caballos y armas también.

Son nuestros pueblos solo unos llanos
blancas cenizas, cuadros de horror,
tristes desiertos, sitios aislados
donde se agita solo el dolor,
fúnebres restos que veneramos
como reliquia de nuestro amor
donde nacimos, donde nos creamos
y alegres vimos la luz del sol.

Adiós Cartón y Juvencio Robles
adiós Razgado bravo adalid,
llévale a Huerta sus escuadrones
y su estrategia tan infeliz,
díganle que ya no hay poblaciones
ni bandoleros que perseguir
sólo Zapata y sus escuadrones
siempre dispuestos a combatir.

Bravos guerreros hijos de Esparta
al fin se honraron con acabar,
pero a los pueblos, porque a Zapata
ni la razón le han podido dar.

Quemar a un pueblo crees que no es gracia
matar inermes es cosa igual,
dejar familias en la desgracia
esa no es honra de un militar.

Cuántas familias se hayan llorando
en tierra extraña y sin hogar,
y por su pueblo siempre anhelando
sin que ese instante pueda llegar,
cuántas familias peregrinando
de pueblo en pueblo diga hasta cuándo
a sus hogares se volverán.

Soldados fieles que habéis jurado
ser la defensa de la Nación,
ya no exterminen a sus hermanos
y alcanzarán su salvación,
negros caínes cruel e inhumanos
tened un rasgo de abnegación
quiero se diga en cual mexicano
oír clamores de la Nación.

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