Zapatista del bajío

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Voy a cantar un corrido
que vale puro dinero,
donde les doy la noticia
de mi agrarista primero

Voy a cantar un corrido
que vale la pura plata,
donde les doy la noticia
de mi general Zapata.

Yo ya no trato con ricos,
porque a mí no me conviene,
viva Dios en las alturas,
él es el que nos mantiene.

En aquel tiempo, señores,
no me quisiera acordar,
aunque tuvieran derecho,
no los dejaba ni hablar.

Si alguien los contradecía
parándoseles formal,
¡ay! lo mandaban en cuerda,
haciéndolo criminal.

Ahora sí, ricos valientes,
ya no les queda ni el cobre,
harto se desayunaron
con el sudor de los pobres.

Ahora sí, ricos valientes,
todos los terratenientes,
se acuerdan de Porfirio Díaz,
cuando él era Presidente.

Ahora sí, ricos valientes,
no andarán con tanto taco,
porque la ley agrarista
les ha apretado el zapato.

Si porque pido parcela
me juzgan de tonto y loco,
hay que llevar a los ricos,
a que muerdan el rastrojo.

Si porque pido mi ejido,
pídolo sin regatear,
porque la ley agrarista,
ahora acaba de llegar.

Ya con esta me despido,
me despido de mi Chata,
aquí termina el corrido,
de mi general Zapata .

Entrada triunfal de las fuerzas revolucionarias a la capital de México el 6 de Diciembre de 1914

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Les voy a cantar amigos,
lo último que sucedió.
Que el día 4 de diciembre
Villa a Zapata abrazó,
y tanto se emocionó
que lágrimas le rodaron
como que significaron
el bien para la Nación;
y desde aquella ocasión
los balazos se acabaron.

En Xochimilco pasó esto,
de lo que les estoy tratando
y si no lo quieren creer
que lo vayan preguntando;
lo fueron cablegrafiando,
a los Estados Unidos,
ya que de todos fue sabido,
Wilson también lo conoce
y dicen que ha prometido
que al gobierno reconoce.

Ejército ya tenemos
que nos viene asegurar,
que garantías ha de dar
que mucho ya apetecemos
Ahora sí ya bien podremos
de dulce quietud gozar,
pues Villa nos ha de dar
el valioso contingente
de disciplinada gente
que él bien supo organizar.

Son valientes fronterizos
al peligro ya avezados,
campesinos esforzados,
cuyos músculos macizos,
cuyos semblantes cobrizos
desde luego indican ser,
de gente que hasta vencer
sabe indómita luchar,
pues encuentra en el bregar
un insólito placer.

La ciudad alegre está
con los villistas famosos,
zapatistas valerosos
gente que bien nos traerá.
Con razón la gente va
con el semblante contento,
ansiando con el aliento
bien poderlos contemplar,
para poder afirmar
que su entrada no es un cuento.

Antes la gente sentía
tristeza muy pronunciada,
pena en el alma infiltrada,
profunda melancolía.
Hoy se le nota alegría,
y a fe que tiene razón,
que obedece su emoción
a un motivo muy fundado:
un ejército ha llegado
que causa satisfacción.

Hay en los soldados éstos
un contingente marcial,
serio el semblante y formal,
que no promete denuestos.
No son augurios funestos
los que vierte su presencia,
pues no es la injusta violencia
lo que viene a traer,
sino paz a establecer
como lo ansía la conciencia.

Las campanas repicaron
y la nueva difundieron,
de que villistas vinieron
y zapatistas llegaron.
Muchas gentes contemplaron
el ejército llegar,
y pueden testificar
su orden y su compostura,
y el aspecto de bravura
que en ellos se hace notar.

En correcta formación,
alineada, estricta, justa
que a la ordenanza se ajusta
y a militar prescripción,
cada tupido escuadrón
desfiló bizarramente
y pudo mirar la gente
que la entrada presenciaba,
cómo el soldado marchaba
alta llevando la frente.

¡Salid villistas valientes
y felipistas bizarros,
que sois magníficos charros
y soldados imponentes!
Levantad las fieras frentes,
que un laurel habrá que ornar,
que la fama os ha de dar
por vuestros hechos de guerra
esta mexicana tierra,
que así os ha de premiar.

Mexicanos tan sufridos;
que la guerra fratricida
sea para siempre concluida,
que estemos todos unidos;
y que sean bienvenidos,
la calma para afianzar,
estos soldados que a dar
vienen orden, garantías,
con las grandes valentías
que han sabido demostrar.

Este día seis memorable
impreso se quedará
como que fue cuando entraron
las fuerzas a la ciudad;
de gente una inmensidad
en las calles se formaron,
confetis y flores regaron
en prueba de admiración,
las campanas repicaron
para rubricar la unión.

Palacio se engalanó
con cortinas y banderas,
esas que son mensajeras
de unión y fraternidad,
y que tienen igualdad
donde el escudo aparece
y que a todos ennoblece
ondeando como el mejor
en la ciudad o en la guerra
el pabellón tricolor.

El presidente Gutiérrez
en un balcón se asomó
y con mano cariñosa
desde ahí los saludó;
esto nos significó
que política no tienen
y que si a la ciudad vienen
vienen a garantizar
la vida y los intereses
que otros pretendían quitar.

Como somos mexicanos,
ayuda hemos de prestar
a todos nuestros hermanos
que bien supieron luchar,
vayamos a trabajar
que ya se hace necesario,
porque ganando el salario
todos nos hemos de honrar;
la patria ha de prosperar
con nuestro trabajo diario.

Vivan, pues, los generales
que vienen a rescatar
las libertades queridas
que nos quisieron quitar,
a México hemos de honrar
como buenos ciudadanos,
rencillas hay que olvidar
que no tenemos tiranos,
alegres, contentos y ufanos
debemos por siempre estar.

Corrido de la entrada de los Generales Zapata, Villa y Ángeles a la Capital de México

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A las once de la noche
de noviembre veintiocho,
sin que se alterara el orden,
entraron los zapatistas.

Las campanas repicaron,
en casi todos los templos,
y toda la población
en alarma se halló luego.

Como no faltan curiosos,
éstos a la calle fueron
a ver lo que acontecía
para dormir ojo alerta.

Se encontraron en las calles
en correcta formación
a las fuerzas que Zapata
mandaba de explorador.

A Zapata se le espera
con confeti y con flores
para regarle la calle
como a los libertadores.

Villa, Ángeles y Zapata,
los tres reunidos vendrán
a gobernar este pueblo
y a darle la dicha y paz.

Un Recuerdo al General Zapata

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Sobre el sentir de la Patria
quise escribir un renglón,
pero mi pluma es inepta,
carece de ilustración.

Ahora hablaré de Zapata
que en Chinameca cayó,
muerto por Jesús Guajardo
bajo una infame traición.

Murió el Caudillo Suriano
enemigo al español,
cuyo elemento insano
tanto odiaba el luchador.

Con el acero en la mano
y con supremo valor
gritaba: Muera el tirano
el déspota y el traidor.

Allá en los montes y valles
se oyó la voz del cañón,
también se oyeron los ayes
del guerrero que rodó.

Herido por la metralla
envuelto en sangre espiró,
por cobrar la libertad
que el pobre pueblo perdió.

Los que murieron, murieron,
y los que viven son hoy
los que se disputan puestos,
sillas de gobernación.

Allá, en los tiempos de lucha
pocos iban con valor,
nadie quería tener triunfos
para ser gobernador.

Hoy todos quieren el mando
tener un puesto de honor,
pero entonces digan cuando
demostraban tanto valor.

Solo Zapata luchando
permaneció allá en el Sur,
a las huestes levantando
con un patriótico amor.

La muerte de ese caudillo.
dióle gusto al español
decían: ha muerto el bandido
que tantos males causó.

Porque estaban ofendidos
el elemento opresor,
porque sus fincas Zapata
en ruinas se las dejó.

Zapata fue un gran patriota
como pudo serlo Obregón,
nunca de sangre una gota
regó por vías de ambición,

Si no es que una mala nota
la opinión pública dió,
para el Jefe surianó Zapata
fue un bravo campeón.

Adios, Patriota esforzado,
adios, bravo luchador,
leal y valiente soldado,
modelo de gran valor.

Jamás el Pueblo Suriano
se olvidará en su interior
que el general Emiliano
fue su grande defensor.

ELEGÍA A EMILIANO ZAPATA

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Capitán de la tierra, señor de los labriegos;
déjame hacer la nota de tus altos honores,
no es violín dolido de lágrimas y ruegos,
sino en la caña limpia, clarín de los pastores.

Altivo y montaraz; noble, rebelde, incultivado,
señor, tú no eras de esos lujosos capitanes,
que hacen la estatua en un sillón dorado;
¡tú hiciste a fuego el milagro de los panes!

Nimba al laurel, con un fulgor distinto,
tu bronce, tu dolor, tu luz, tu talla;
héroe montado al potro del instinto,
y guiando el pueblo el sol de tu batalla.

Tu heroica dimensión y tu estatua egregia,
nos sirven para hacer la copia hermosa,
de los que pelearon sin mapa ni estrategia,
de los que perdieron pan, tierra y esposa.

Cuando tú vestiste señor, los hábitos guerreros,
tu patria era una cárcel, inmensa y vegetal;
los peones, los acasillados, eran hombres prisioneros,
eran bestias de arado, de noria y de jacal.

Cuando tú montaste, señor, tu potro ligero,
hubo dos bandos y un pleito nacional;
ahí estaba el rentista, el nuevo encomendero,
el cacique, el licenciado y el ladrón municipal.

Contra ti, señor, pelearon todos los que ven
en la Patria, una hacienda y un harén.
Contra ti los que medran en todo mercado,
vendiendo los llanos de los que han sembrado.
Contra ti apelaron todos los que han hecho
un palacio y una mina, a espaldas del derecho.

Los rudos sembradores, señor, fueron contigo;
la tropa sin dinero y sin cartucho;
los desposeídos, la gente sin abrigo,
los que nada deben y han pagado mucho.

Cuando la tierra vio la llama de tu sable,
cuando miró pasar tu sombra perseguida,
tu mano vengadora, tu cara inalterable,
abrióse en cada surco, un lecho, una guarida.

Tu lucha, señor no era el combate transitorio,
la fugaz marea, el odio de la turba pasajera;
era la tuya, pelea esencial de un territorio;
sin tierra, no hay destino, ni sueño, ni bandera.

¡Todos somos, todos somos señor, algo de tierra!
la vaca fértil, los niños, los ágiles caballos,
el café, el ajonjolí que va a la guerra,
la boca del ciruelo, la flauta de los tallos.

¡Todos somos, todos somos señor, algo de tierra!
De la tierra que lanza las rosas suspiradas
la que funda el árbol, el pájaro y el trino;
la que labra el cuerpo vertical del pino,
la que da el azahar de las enamoradas.

Tú soñaste, señor, la red de esos canales,
que hacen la fresca geografía del trigo;
¡sólo el trigal construye los vínculos cordiales!
¡cada hombre sin pan, lleva un puñal consigo!

Señor, la patria que soñaste está haciendo
al calor de tu sangre y de tu hazaña;
firme y recia en el dolor, irá creciendo;
y dulce y recta en el amor, como la caña.

Tu voz, señor, tu nombre, tu raíz,
crecen con ella, crece una Patria donde asoman,
su boca el girasol, sus dientes el maíz,
y el algodón su breve corpiño de paloma.

Crece un país, crece en la flor de sus avenas;
crece en el bosque y sus atmósferas futuras;
crece en las presas que son ánforas seguras,
para calmar la sed mortal de las arenas.

Crece un país en la zafra generosa
en el arroz que fragua su perla numerosa
y el rubí solar de los granados;
crece en la ubre, que es máquina industriosa
de la tenaz maternidad de los granados.

Crece un país en el vivero que germina
y en vigor feliz de la cosecha buena;
crece un país donde la gente campesina,
libra su lucha de ejército y colmena.

Padre del surco, señor de la tierra liberada;
bastará un rincón de tierra fresca,
de patria fértil, de patria cultivada,
para que el fruto de tu hazaña crezca.

El pueblo te dirá su amor y su esperanza,
héroe sin muerte, sin término y sin fecha
¡en una canto de arados en labranza!
¡y en un himno de trigos en cosecha!

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