Corrido de la Muerte de Emiliano Zapata

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Autor: Baltasar Dromundo.

Aquí les traigo el corrido
de la traición insensata
que acabó con el caudillo
don Emiliano Zapata.

Fue en el año diez y nueve
mismo de mil novecientos
y era en el nueve de abril
cuando sucedió el suceso.

Salieron de Tepalcingo
con rumbo hacia Chinameca,
Zapata iba con Guajardo
por crer qu´era hombre de veras.

Dijo Zapata a Guajardo:
“Dormiré en “Agua de Patos”
y usted con los de su mando
siga a San Juan Chinameca”.

Contestó María Guajardo:
“Ta muy bien, mi general,
allá le tengo el regalo
de cinco mil balas más”.

Zapata durmió esa noche
con la dueña de su amor
que andaba también luchando
para la revolución.

Despertó en la madrugada
sobresaltado y le dijo:
“Se me afiguró que estaba
cerca de aquí el enemigo.”

La mujer le dijo entonces:
“Ayer te avisé que tengo
el negro presentimiento
de que te quebre el Gobierno.

“Vete lejos d’estas tierras
porque después será tarde,
pues si te quebra el Gobierno
los indios se mueren de hambre.”

Dijo Emiliano Zapata:
“Ya’stás como la mujer
que por creer que me mataban
vino desde Cuautla ayer.

“Esas son supersticiones
que nadie las debe creer
Guajardo es de pantalones
y con él voy a vencer.

“Ya ves que quebró a la gente
de Bárcenas anteayer
y sólo un macho de temple
tiene un igual proceder.”

Montado en un alazán
que le regaló Guajardo
llegó Zapata a San Juan
con cincuenta de su mando.

Con una ametralladora
y trescientos bien armados
Guajardo estaba en la hacienda
dizque hablando con Palacios.

Llegó el capitán Castillo
diciendo al jefe Zapata
que para que viera el parque
era mejor que pasara.

Contestó Zapata entonces:
“Voy a ver al Coronel,
que vengan nomás diez hombres,
nada puede acontecer.”

Montó el precioso caballo
que a la hacienda caminó,
cuando el clarín dió tres veces
la llamada de atención.

Entraba el Héroe a la hacienda
y una descarga lo hirió,
en lugar de saludarlo
esa tropa lo mató.

Todo su traje de charro
ensangrentado quedó,
y enfundada su pistola
también allí se manchó.

Allí naiden tuvo tiempo
de poderse adefender,
Guajardo acabó con todos
a los que dijo querer.

Así cayó en la emboscada
de Jesús María Guajardo
el gran General Zapata
qu’era un apóstol honrado.

Pablo González pidió
que ascendieran a Guajardo
y Carranza lo nombró
General Divisionario.

Al día siguiente los indios
vieron al Jefe ya muerto
y el corazón en un puño
se quere salir del pecho.

Carranza le dió a Guajardo
por la muerte de Zapata
además de dicho grado
cincuenta mil pesos plata.

Los periódicos dijeron:
“Ya mataron a un bandido”,
pero los indios lloraron
la muerte de su caudillo.

Sólo Dios qu’está allá arriba
y que juzga la intención
pudo saber que Zapata
era de un gran corazón.

Enterraron a Zapata
en una profunda tumba
pues creiban que se saldría
para volver a la lucha.

Quedaba viva en los indios
la verdad de su palabra:
“La tierra no pertenece
más que a aquel que la trabaja”.

Nueve años luchó Emiliano
por el ideal agrarista
y jamás tembló su mano
cuando exigió la justicia.

Así se acaba el corrido
de la traición insensata
en que se perdió al caudillo
Don Emiliano Zapata.

Las hazañas de los Yaquis en Morelos

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Autor: Marciano Silva.

Adentro, rifleros, vamos al combate,
a dar grandes pruebas de nuestro valor,
no les causen miedo los míseros yaquis
ni el ligero toque de su cruel tambor.

Que al silbar los cuernos les cause coraje;
que hundidos los pechos les cause furor,
pelearles debemos, vengar el ultraje
que han hecho en los pueblos de esta región.
No digan los yaquis que aquí en nuestro Estado
todos carecemos de valor civil,
a todo escape vamos dispersados
cuando al fin furiosos los vemos venir.

Inmundos salvajes, vienen engañados,
por eso se meten sin miedo a morir,
porque aunque los maten, no les da cuidado
dicen: que a su tierra van a revivir.
Adentro, muchachos, que la muerte es dicha
cuando por su patria se llega a morir,
adentro, nos dice el jefe Ayaquica,
Cabrera y Alfaro, con voz varonil.

El muy arrojado, jefe que hay en lista,
señor Camarilla, bravo paladín,
que bien les ha dado a los carrancistas
con el muy valiente señor Vega Gil.

El muy invencible señor Caraveo,
y el señor Arenas con su división
mandaron los yaquis en tren de recreo,
para las cavernas del viejo Plutón.
Aunque en Tochimilco fue su gran trofeo
poco agradecidos de tal excursión,
Alvaro, cacique de aquellos soldados
creo que podrá darles una explicación.

El día 24 de agosto por fecha
fueron a batirse a San Juan Amecac;
con los guajolotes, gallinas cluecas,
cabras y borregos, qué barbaridad.
Los pobres marranos no hacían resistencia
los gallos volaban queriendo escapar
y ellos airados, decían con violencia:
de estos zapatistas ni uno ha de quedar.

Cargando con burros, vacas y cereales,
todo cuanto hubo en ese lugar,
se fueron contentos de aquellos lugares
que al fin les cubrieron su necesidad.

Tal es el inmundo proceder infame,
su lema horrible es irracional,
creo que Dios Padre quedaría desnudo
si de su alto trono llegara á bajar.
Por Dios, Venustiano, cambia de experiencia,
diles a tus militares que no vayan a matar
los pobres marranos, vacas y gallinas
y los guajolotes en lance fatal.

Diles que los jarros no son zapatistas,
ollas y cazuelas también el comal,
semillas en grano, rebozos y platos,
viejos mantequeros, también nixtamal.

Cambia de estrategia y de disciplina,
lleva tus legiones al cuerpo del honor
y no así a los pueblos a matar gallinas,
o a hombres indefensos sin ningún temor.

Tú quieres por fuerza sentarte en la silla,
tú que no conoces lo que es pundonor,
pídele a Zapata y a Francisco Villa
que te den ejemplo, mi buen Senador. (sic)

Zapata y los Zapatistas

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Autor: Maximiliano Mendoza.

Oye, público ilustrado, el canto de una alma grata
que he dedicado estos versos a don Emiliano Zapata,
cuyo hombre tomó las armas en el feliz mes de enero
para defender la causa de don Francisco I. Madero.

El veinte de noviembre la guerra empezó a surgir,
don Emiliano en su tierra y don Francisco en San Luis.
Zapata estaba ayudando a Madero en sus afanes,
para que éste con despacio ratificara sus planes.

Después de un tiempo de guerra se hizo un triunfo sin igual,
y se marcharon sus huestes con rumbo a la capital,
Zapata estaba contento con el triunfo de Madero,
dicen que ya tiene sus tierras todo el pueblo jornalero.

Lo que prometió Madero ya no lo pudo cumplir,
en ese plan prometido allá en San Luis Potosí,
para hacerlo proclamar al poder debió subir
y que ya estando sentado su plan debiera cumplir.

Pero Zapata miraba que ya el tiempo se pasaba
y que bienes y promesas de eso ya nunca se hablaba;
ya perdida la esperanza la águila batió sus alas,
Zapata tomó las armas y proclamó el Plan de Ayala.

Si Madero olvida el plan que enarboló en su bandera
yo sí cumpliré el de Ayala aunque perezca en la guerra,
esto dijo ese valiente y su estandarte tomó
y con valor eminente en Morelos combatió.

El grandioso Plan de Ayala quiso cumplirnos Zapata
por sus triunfos en Morelos, en Guerrero y Cuernavaca,
con sus triunfos y combates como soldado valiente
animando con sus frases a los jefes de su gente.

En los tres puntos del sur sí lo quieren con lealtad
porque les da la Justicia, Paz, Progreso y Libertad.
Huerta le hacía mil promesas para que a él se rindiera
y se le frustró su empresa, Zapata siguió la guerra.

Combates muy eminentes inició desde ese día;
para cumplir su promesa él peleó con gallardía,
uniéndose valientes jefes ilustres de gran corazón
que lo ayudaron en todo dando fama a la Nación.

Como es Francisco Mendoza, lo mismo que Salazar,
y don Francisco Pacheco, juntos iban a pelear.
Genovevo de la O, cuyo nombre no es extraño,
y don Fortino Ayaquica, valiente como Montaño.

Estos tuvieron combates contra todos los gobiernos
en Ozumba, en Nepantla, Teloloapan y Morelos,
por Yacapixtla y Tepexco, esas partes recorrieron,
tuvieron fuertes encuentros en el cerro del Jilguero.

Felipe Neri allá andaba por todos esos lugares;
en Axochiapan y Zacualpan perdieron los federales,
estuvieron en Matlala, en San Marcos y Atlixco,
en San Nicolás y en Chietla, en Colón y en Cuatlixco.

Milpalta, Jojutla y Chalco, Jantetelco y Atencingo,
Juchitepec, Tres Marías, Topilejo y Tepalcingo,
esas partes recorrieron combatiendo sin igual
hasta que triunfantes llegan a la hermosa capital.

El espartano Zapata, fue por muchos calumniado,
porque muchos lo juzgaban como hombre depravado,
varios decían que al llegar les causaría graves males,
entrando a la capital se verían barbaridades.

Nada de eso, no fue cierto, lo efectivo se ha de hablar,
éstos entraron correctos, con muchísima igualdad,
dando gracias al Pueblo, demostrando su lealtad,
dando fama, honor y mérito a su invicto general.

Les suplico que perdonen esta humilde narración
a todos los que escucharon que he cantado
y una regia corona de laureles y de nardos
solamente le deseo a este caudillo denodado.

El Encanto de Zapata

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Autor: Félix Trejo

De este suelo fue el encanto de Zapata,
cuando Emiliano luchaba por una causa
y fue por suerte se encontró una jovencita
de Tepoztlán, pensó llevarla pa’ su casa.

Ay Lucecita tan bonita y aceptada,
de alma sincera, como una blanca azucena.
Zapata, fiel de corazón, ella lo amaba
bajo este cielo de Morelos, sierra indiana.

“¡Ven a mis brazos Lucecita encantadora!
dijo Zapata al estrecharla entre sus brazos,
Le pido al cielo que tú seas joven sincera,
mientras que quieras tú estarás en mi regazo”.

“– Y si por suerte que el destino nos aparte,
ya ves que el tiempo lo tenemos muy contado,
hagas un recuerdo que te habla un fiel caudillo
hago un recuerdo cuando sepas de mí inerte”.

La Feria de Cuautla

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Autor: José Muñoz Cota

¡Vamos para la feria
una franca animación!
Echan volar las campanas
en la blanca población.

¡Vamos a la feria de Cuautla!
Zapata se adelantó,
entró a la feria meneando
su pingo galopador.

Torres Burgos y Merino
están ya en la población,
y los tres han prometido
hacer la revolución.

Vamos a la feria, niña
olvidemos el dolor
en las miserias del campo
en las fricciones del peón.

Los indios, los aparceros,
al influjo del alcohol
olvidan por un momento
la injusticia del patrón.

En el novecientos once,
en Cuaresma del Señor,
era en el segundo viernes
que el calendario marcó.

Cuando la feria de Cuautla
ya casi se terminó
Burgos, Zapata y merino
con alma prueba el valor.

Villa de Ayala (los mira)
predica la insurrección,
organizan las guerrillas
setenta hombres, lo mejor.

En Cuautla la feria muere,
la guitarra enmudece,
en el palenque se trunca
la voz del anunciador.

A Quilamula será
buscando liberación
Burgos, Zapata y Merino
en franca revolución.

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