¡Despierten ya mexicanos!

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Despierten ya mexicanos,
los que no han podido ver,
que andan derramando sangre
por subir a otro al poder.

¡Pobre nación mexicana!
qué mala ha sido tu suerte;
tus hijos todavía quieren
mas en la desgracia verte.

Mira a mi patria querida,
nomás como va quedando;
que esos hombres más valientes,
todos los van traicionando.

¿Dónde está el jefe Zapata?
¿Qué esa espada ya no brilla?;
¿dónde esta el bravo del Norte
que era don Francisco Villa?

Fueron líderes primero
que empuñaron el acero;
hasta subir al poder
a don Francisco I. Madero.

pues cuando subió al poder;
a Pancho Villa y Zapata
los quiso desconocer.

Yo no he visto candidato
que no sea convenenciero;
cuando suben al poder
no conocen compañero.

Zapata le dijo a Villa:
–Ya perdimos el albur;
tu atacarás por el Norte,
yo atacaré por el Sur.

Ya con ésta me despido
porque nosotros nos vamos;
que termina el corrido:
Despierten ya mexicanos.

Soldado revolucionario

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Soy soldado revolucionario,
soy de aquellos de caballería
y si muere mi cuaco en combate
pos me paso pa’ la infantería.

Con mis cuatro cananas terciadas
bien repletas de balas sedientas
cuando estamos en pleno combate
le doy gusto a mi buen 30-30.

Si me toca morir en las filas
pos pa’ que he de fijarme en la vida,
mis haberes yo siempre los gasto
con alguna de mis consentidas.

¡Ay, chaparra! si ves que me matan
tú te sigues en los cocolazos,
no más no hagas mi tumba muy honda
pa’ que yo siga oyendo balazos.

Ya se escucha sonar la metralla,
ya el clarín toca fuego graneado,
ahora o nunca, muchachos arriba,
a acabar a estos hijos del diablo.

Ya con esta me voy despidiendo,
ya me voy de revolucionario,
si Dios quiere que vuelva, pos vuelvo
si no, rezan por mí un novenario.

Felipe Ángeles

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En mil novecientos veinte
señores, tengan presente
fusilaron en Chihuahua
a un general muy valiente.

De artillero comenzó
su carrera militar,
y en poco tiempo llegó
a ser un gran general.

El gobierno comprendió
los males que iba a causar,
y mandó que lo persiguieran
pa’ mandarlo a fusilar.

Con veinte hombres que traía
puso cuatro de avanzada,
para ver si no le tendían
una terrible emboscada.

En el cerro de la mora
le toco la mala suerte,
lo tomaron prisionero,
lo sentenciaron a muerte.

El reloj marca las horas
se acerca la ejecución,
preparen muy bien sus armas
y apúntenme al corazón.

Apúntenme al corazón,
no me demuestren tristeza,
a los hombres como yo
no se les da en la cabeza.

Ya con esta me despido
por las hojas de un granado,
aquí termina el corrido
de un general afamado.

Corrido de Lucio Vázquez

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Volaron los pavos reales
rumbo a la sierra mojada,
mataron a Lucio Vázquez
por una joven que amaba.

Como a las diez de la noche
estaba Lucio cenando,
llegaron unos amigos,
para invitarlo a un fandango.

Su madre se lo decía:
que a ese fandango no fuera.
Los consejos de una madre
no se llevan como quera.

Llegaron a la cantina,
comenzaron a tomar,
pero Lucio no sabía
que lo iban a traicionar.

Lo sacaron a la orilla
por ver si sabía jugar,
le dieron tres puñaladas
al pie de un verde rosal.

Los tres que lo apuñalaron
se sentaron a fumar
y se estaban carcajeando
de oír a Lucio quejar.

Los tres que lo apuñalaron
se fueron hacia un potrero
caminando muy despacito,
los tres limpiando su acero.

–¡Madre mía de Guadalupe
de la Villa de Jerez,
dame licencia señora,
de levantarme otra vez!

Su pobre madre lloraba
debajo de unos jarales:
–Hijo, ¿como te levantas,
si son heridas mortales?

Su hermano de compasión
la pistola le brindo:
–Hermano, ¿pa’ que la quiero,
si el tiempo ya se pasó?

Volaron los pavos reales
del ciprés a los vergeles,
mataron a Lucio Vázquez
por causa de las mujeres.

El corrido de Heraclio Bernal

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Año de mil ochocientos,
noventa y dos al cantar,
compuse yo esta tragedia
que aquí les voy a cantar.

Estado de Sinaloa
gobierno de Mazatlán
donde daban diez mil pesos
por la vida de Bernal.

Dijo doña Bernadina:
–Ven, siéntate a descansar,
mientras traigo diez mil pesos
pa’ poderte reemplazar.

Oigan amigos qué fue
lo que sucedió:
Heraclio no tenía armas,
por eso no les peleó.

Desgraciado fue Crispín
cuando lo vino a entregar,
pidiendo los diez mil pesos
por la vida de Bernal.

Agarró los diez mil pesos,
los amarró en su mascada,
y le dijo al comandante:
–Prevéngase su Acordada.

–Prevéngase su Acordada
y escuadrón militar,
y váminos a Durango
a traer a Heraclio Bernal.

Les dijo Heraclio Bernal:
–Yo no ando de robabueyes,
yo tengo plata acuñada
en ese Real de los Reyes.

Adiós muchachas bonitas
transiten por donde quieran,
ya murió Heraclio Bernal,
el mero léon de la sierra.

Adiós indios de las huertas
ya se dormirán agusto,
ya no hay Heraclio Bernal,
ya no morirán de susto.

Ya con ésta me despido,
no me queda qué cantar,
éstas son las mañanitas
de don Heraclio Bernal.

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