Las hazañas de Emiliano Zapata

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Con su permiso, señores,
voy a cantar el corrido 
de la vida y los errores 
de un guerrillero temido. 

San Cuilmas El Petatero, 
mi memoria ha de ayudar 
y la historia de Zapata, 
completa, podré cantar. 

Fue de humilde nacimiento; 
pero pronto se notó,
que así, como iba creciendo, 
les dio pruebas de valor. 

Cuando hombre, fue guerrillero 
y llegó hasta general
y peleando por Madero, 
su fama fue universal. 

Después que acabó la guerra 
a sus tropas licenció;
pero andando por doquiera 
muchos amigos llevó.

Y en parrandas y festines 
la vida pasa contento, 
haciendo buenos botines, 
pues la guerra es su elemento. 

Madero lo entrevistó
y prometió retirarse;
pero volvió a entusiasmarse 
y las ganas no aguantó.

Y volvió, con sus muchachos, 
a esa vida peligrosa
de grescas y zafarranchos 
donde el gusto le retoza.

De su dicha es el compendio 
y es su placer más notorio, 
al resplandor de un incendio 
decirles, como el Tenorio: 

“Las ciudades recorrí,
los pueblos he visitado…
¡ y en donde quiera he dejado 
tristes recuerdos de mi!”

i Sí, Zapata es buena gente ! 
(Según me han asegurado…) 
Sólo que… lo que sucede, 
i Que tiene un genio endiablado… ! 

Y que… (ni mandado hacer),
San Dimas llegó a decir: 
” i No olvides, no has de pedir 
lo que se pueda coger !”

Y Zapata lo practica 
con toda formalidad, 
¿Que la prensa lo critica? 
i Mucho que le ha de importar !

Corrido de Emiliano Zapata

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Autor: Anónimo.

En Cuautla, Morelos hubo 
un hombre muy singular, 
justo es ya que se los diga: 
hablándoles, pues en plata, 
era Emiliano Zapata
muy querido por allá.

Todo es un mismo partido, 
ya no hay con quién pelear; 
compañeros, ya no hay guerra, 
vámonos a trabajar.

Ya se dieron garantías
a todo el género humano, 
lo mismo que al propietario 
como para el artesano.

¡Unión! que es la fuerza santa 
de todito el mundo entero, 
Paz, Justicia y Libertad
y gobierno del obrero. 

Así como los soldados 
han servido pa’ la guerra, 
que den fruto a la nación 
y que trabajen la tierra.

¡Quién no se siente dichoso 
cuando comienza a llover! 
Es señal muy evidente
que tendremos qué comer. 

Si los campos reverdecen 
con la ayuda del tractor, 
es el premio del trabajo 
que nos da nuestro sudor.

El oro, no vale nada
si no hay alimentación: 
es la cuerda del reloj 
de nuestra generación.

Quisiera ser hombre sabio 
de muchas sabidurías; 
pero más quiero tener 
que comer todos los días.

Dan la una, dan las dos,
y el rico siempre pensando 
cómo le hará a su dinero 
para que vaya doblando.

Dan las siete de la noche 
y el pobre está recostado, 
duerme un sueño muy tranquilo 
porque se encuentra cansado.

¡Dichoso el árbol que da frutos, 
pero muy maduros: 
Si señores, vale más
que todos los pesos duros!

No quiere ya relumbrones 
ni palabras sin sentido, 
quiere sólo garantías
para su hogar tan querido.

Es el mejor bienestar 
que el mexicano desea: 
que lo dejen trabajar, 
para que feliz se vea.

Corrido de Jesús Capistrán y Maurilio Mejía

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Hoy amigos la suerte es contradictoria,
cuando el hombre no tira bien sus medidas,
queda escrito en los anales de la historia
lo que le hombre pueda ser en esta vida.

Es muy lógico que el hombre sea patriota,
guerrillero y de muy buenas condiciones,
que se gane las presillas y carlotas
con sus hechos, pero en buenas condiciones.

Pero el hombre que traiciona a su bandera
es muy poco militar y no es patriota,
ser lo lleva la ambición de las monedas,
son muy raras las personas y muy pocas.

En la historia están grabados los traidores,
los que dicen: “Soy patriota”, y no lo son,
sugestionan sus personas y por cobres
nada le hace que se pierda el pundonor.

Ante el vulgo es afrentoso que Maurilio
que se entablen relaciones con don Pablo,
que recuerden que González fue el cuchillo
y el verdugo fue Jesús M. Guajardo.

Ni el rumor de las espadas han podido,
ni secciones de cañones que emplazaron ,
sólo Jesús Capistrán y usted Maurilio
sin más réplica al gobierno se pasaron.

Que nos duele tanta sangre que ha corrido
por el bien de nuestros pueblos mexicanos,
todavía con eso, señor don Maurilio,
se transmite un carrancista y vil tirano.

Si Zapata reviviera y los viera
todos los que han traicionado el Plan de Ayala,
desearían que se los tragara la tierra
y de vergüenza no le querrían dar la cara.

Rancho Nuevo, Chinameca, es un testigo,
allí fue donde sucumbió nuestro caudillo,
el apóstol que teníamos más querido,
que el suriano nunca olvida su sentido.

Los valientes nunca corren a rendirse,
el que no ama Dios ni Patria es un tirano,
los presente sólo están para decirles
que muy pronto verá usted su desengaño.

La historia ha de condenar a los infieles,
como premiará a los que han sido leales,
los que no se acobardaron con las muelles,
los que firmes sostuvieron sus ideales.

Adiós Maurilio Mejía, ya me retiro,
a Jesús Capistrán dará un abrazo,
el que su mano le extiende a su enemigo,
pues, de seguro, sólo le espera el cadalso.

Corrido de Ignacio Maya

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Que se cubra de negros crespones
el Ejército Libertador,
y sus armas que se empabellonen,
demostrando a la vez su dolor.

Que se cubra el estado de luto,
por la muerte de un gran general,
las campanas toquen a difunto
anunciando el momento fatal.

Se acabó ya la primera espada,
que el caudillo tenía a su favor,
se acabó el valiente Ignacio Maya
combatiendo en los campos de honor.

De su muerte gloriosa hay testigos,
que al pasar de este mundo a la historia
sucumbió pero llevó consigo
al sepulcro una nueva victoria.

Como solamente en Cuernavaca,
les quedaba en todito el estado,
dispusieron tomar esa plaza,
por medio de un sitio prolongado.

Porque ya el valiente Pedro Ojeda,
al pedirle fiel su rendición
le había dicho a Zapata que fuera
a tomarla sin más dilación.

Entonces se sintió aquella plaza,
con un sitio retirado al fin,
donde el hambre y la sed sin tardanza
por fuerza los haría sucumbir.

Después de no tener resistencia,
Pedro Ojeda lleno de pavor,
se alejó de aquella fortaleza
faltando a su palabra de honor.

Hacia el sur dirigió su salida
con el fin de poder escapar,
mas sus huestes fueron perseguidas
y diezmadas en lance fatal.

Entonces el valerosos Maya,
que era el genio de la guerra altiva
se arrojó sobre de aquella escuadra
que en desorden huía fugitiva.

En unión de unos cuantos valientes,
por delante marchó sin demora
combatiendo con valor ingente
aquel bravo guerrero sin par.

Mil cadáveres dejó en su fuga,
Pedro Ojeda sin más compasión,
armamento, cañones y mulas
y de parque buena dotación.

Con qué heroísmo el invencible Maya
se batió cual un bravo campeón
y sus jefes que lo acompañaban
en aquella gran persecución.

Ya la aurora del triunfo veía
a su límpida frente llegar,
cuando una bala cruel lo impedía,
la existencia le vino a quitar.

De un noble corcel cayó a tierra,
al sentir aquel golpe mortal,
y momentos después muerto queda,
aquel bravo guerrero sin par.

Según nota que tuve del hecho
llegó el fin de su vida postrera,
cerca del pueblo de Coatetelco,
en el punto de La Nopalera.

Allí fue en donde murió aquel coloso
que en distintas campañas se vio,
un día viernes catorce de agosto
fecha triste en que al mundo dejó.

De allí fue su cuerpo trasladado,
para el pueblo de Tlaltizapán,
donde al fin se encuentra sepultado
como varios muy bien lo sabrán.

Duerme en paz valiente Ignacio Maya,
mientras que en este mundo fatal,
triste llora el coronel Juan Vara
recordando tu nombre inmortal.

Si en compañía tuviste esa gloria,
en alteza los hombres de honor,
tus hazañas son pruebas notorias
que doquiera salías vencedor.

Se acabó el que brindaba laureles
al líder de la revolución,
se acabó también Felipe Neri,
dos espadas de gran pundonor.

Entre de esas dos grandes figuras
debemos también colocar
a don Marcelino Casarrubias,
que en campaña no tuvo rival.

Esos hombres de honor intachable
con su heroísmo, constancia y valor,
es muy justo que al fin les consagre
un recuerdo siquiera de honor.

Al Eterno pido en mis plegarias
nuestro digno reposo a la vez,
nobles mártires del Plan de Ayala,
vuestro premio será de honra y prez.

Bola de la toma de Chinameca

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Por ahí va la bola, señores ahí va,
va con la segunda vuelta.
Diré cuando entraron los libertadores
a ese San Juan Chinameca.

Es corta mi entonación,
mi dialecto es muy corriente,
pero me figuro que en toda ocasión
lo claro es lo más decente.

Este fue un pedido de unos tres mil pesos,
en seguida les diré
contestó Carriles, luego en el momento:
“Tres mil balas les daré”.

“No le hace que sea valiente,
puede venir cuando él quiera
que yo también cuento con un brazo fuerte
y que es la espada primera”.

Luego que Zapata tuvo la noticia
de dicho administrador
montó su caballo recorrió sus fuerzas
y las órdenes les dio.

No fue pa’ menos el susto
por lo que se apercibía,
porque ya los muertos no hallaban sepulto
y en cajones se escondían.

Luego que llegaron al punto de honor,
nombre: La Piedra Encimada,
al mentado Enríquez, le ha dado un temblor
que ‘onde meterse no hallaba.

Zapata muy enojado,
lleno de mucho furor
gritó con imperio:
“¡Vengan con un hacha
y túmbenme éste portón!”.

El pobre del maquinista
en tan cruel retiro
uno se le dirigió:
“Tumbe uste´ el portón
o le pego un tiro”,
de inmediato el tren rompió.

Tembló la tierra en esa hora
Zapata entró en ese piso;
“Busquen a Carriles que se pasa la hora
de que cumpla lo que he dicho”.

Ahí lo buscaron arriba y abajo
echando la disciplina
lo fueron a hallar que estaba apurado
con la cocinera encima.

¡Viva Emiliano Zapata!
¡Viva su juez y opinión!
porque se ha propuesto
morir por su Patria
como héroe de la nación.

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