EL CORRIDO DE LAS COMADRES

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Ahora vengo a noticiarte comadrita
unas notas que en la calle recogí,
que los bravos y temibles carrancistas,
esta noche se han pelado ya de aquí.

No es posible que los constitucionalistas
que esta noche se hayan ido ya de aquí,
ya usted sabe, son valientes y aguerridos
con las vacas no se arredran a reñir.

Qué no ha visto, comadrita, en las trincheras,
unas papas que escribieron a la vez:
ya nos vamos de sus tierras, viejas fieras,
no se alegren que tenemos que volver.

La brigada que en esta plaza impera
unida con la de Jonacatepec,
son valientes con ellos, nomás tres piedras
y un tepetate para rejonear después.

Allá en Treinta con el general Maisanchos
y Tavera, y los demás generales,
pues “El Mole” les ha servido de empacho,
no aguardaron ni siquiera los tamales.

De Cuernavaca salieron con gran recelo
con sus trenes sin hacer ningún alarde,
porque pensaban que allí estaría “Tío Bebo”
que ese día acabaría con los cobardes.

Usted ha visto cómo destruyeron las casas
y rajaban sus maderas en montón,
en Palacio vendían la leña a sus “guachas”
tres palitos por dos reales o tostón.

Me despido, comadrita, porque es tarde
ai mañana seguimos la versión,
no sea que vaya a venir ya su compadre
y me juzgue carrancista de ocasión.

Mejor perro, comadrita, y no un cobarde,
un cobarde o mendigo de ocasión,
zapatistas aunque al mundo no le cuadre
y aunque viejas no cambiamos de opinión.

Nueve Años se Cumplieron

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Autor: Elías Domínguez

Nueve años se cumplieron de la Revolución
y la patria querida no hallaba ni que hacer;
toditos los tratados eran una adulación
y para el mexicano sufrir y padecer.

Voy a hablar del gobierno de don Porfirio Díaz
que fue de más conciencia en la persecución,
cuando a los maderistas con furia perseguía,
a los pueblos trataba con consideración.

Cuando a pueblos llegaban fuerzas del señor Díaz
llegando preguntaban pues, por la autoridad
nada más indagaban por la gran rebeldía,
que en los cerros andaban con el fin de peliar.

Mirando don Porfirio que no había de ganar
dispuso el armisticio, la guerra suspendió:
Madero con sus tropas entró a la capital
y ahí quedó el gobierno a su disposición.

Luego ese presidente de México se fue,
para la vieja Europa hizo su embarcación,
dejó a la pobre patria en un cruel padecer,
inundada de sangre, ¡Cielo qué compasión!

Después siguió la guerra con Francisco I. Madero,
en contra de otros jefes que no se querían rendir;
anduvo, bajó con tropas a Cuautla de Morelos,
a ver si en conferencia los hacía convenir.

Pero no sucumbieron Zapata y otros jefes
a las órdenes que traiba don Francisco I. Madero,
y siempre pronunciados se quedaron renuentes,
por todito el estado nombrado de Morelos.

Cuando el señor Naranjo se hizo del poder,
quedando en Cuernavaca de un gran gobernador,
mando a Juvencio Robles el cual se dio a temer
quemando a muchos pueblos con bastante rigor.

Cuando a pueblos llegaban las fuerzas naranjistas
pacíficos huían con el fin de escapar,
a todito el estado nombraban zapatista
y por esa razón lo querían arrasar.

Y se fue el año doce para el plan de Morelos,
no conocía justicia, ni paz ni libertad,
al cielo se quejaban las cuadrillas y pueblos
sólo los naranjistas traían autoridad.

Por fin se le llegó a Francisco I. Madero,
el cual ni pensaba en su trance de agonía,
mil novecientos trece en el mes de febrero,
con Huerta y Mondragón, Blanquel y Félix Díaz.

De luto se vistió la hermosa capital
porque fue muy temible aquella guerra cruel,
y cuando se tomó el palacio principal,
a Madero capturó el general Blanquel.

Entonces terminó el partido maderista
y de la presidencia Huerta se apoderó;
también incendió a pueblos el gobierno huertista,
la historia lo titula por tirano y traidor.

Muchos ruegan por él, si ya se halla en descanso,
según los forzamientos de cómo nos trató.
Allá Luzbel lo tenga, siquiera en fuego manso,
por los crueles incendios y levas que inventó.

Son páginas de sangre, de luto y de tristeza,
que se verá en la historia con mucha admiración;
hablando de tiranos como fue el señor Huerta,
ese Juvencio Robles, Villegas y Cartón.

Los pueblos lo que quieren son buenas garantías,
que se juzgue arreglado el Código legal,
fungiendo bien sus leyes mucho agradecería
respetando el derecho así se hará la paz.

¡Ay si resucitara el señor Benito Juárez
y viera nuestra patria en tan cruel situación!
Sólo él la libraría de toditos los males
y rigieran las leyes de la Constitución.

En fin, patria querida ¿cuándo terminarán
las guerras fraticidas que sufre tu nación?
Ya los pueblos honrados desean tranquilidad,
porque ya están cansados de la Revolución.

La Muerte Trágica de Don Emiliano Zapata

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Autor: E. Warman

Ha muerto Don Emiliano,
dicen los que á Cuautla ván,
que lo matáron a tiros
cerca de Tlaltizapán.

Para terminar con él
tuvieron que urdir un plán
y el jefe Jesús Guajardo
trabajó con mucho afán.

Con Zapata tuvo arreglos
diciendo se iba á voltear,
queriendo en su cámpamento
á Zapata aprisionar.

Pobre Emiliano Zapata,
qué suerte le fue á tocar,
él que tenía tanta plata
cómo se dejó matar.

Creyó el muy tonto la lana
que Guajardo le contó
y un batallón del Gobierno
hasta su canton entró.

Cuando le tendió la mano
á su aliado que llegó
al grito ¡viva Carranza!
la lucha éste principió.

Hubo un pánico terrible,
y nadie podía entender
las órdenes que se daban
y tuvieron que perder.

Zapata quedó sin vida
á los primeros balazos,
lo mismo que varios jefes
que lo sostenían en brazos.

El resto de zapatistas
por los montes se perdió
y otros fueron desarmados
pues Guajardo les ganó.

Los soldados victoriosos
con los prisioneros juntos
se encaminaron á Cuautla
para entregar los difuntos.

Con sorpresa sin segundo
se recibió esa noticia,
esperando que ya acabe
esa lucha sin justicia.

Ojalá que ya termine
para trabajar en paz,
que el trabajo es lo (que) quiere
desde el hombre hasta el rapaz.

Yá estámos muy bien cansádos
de révueltas y fatigas
y deseámos que háya páz
sin infámias, sin intrigás.

Pues el hombre que trabaja
solo pide garantías;
no que suba Juan ó Pedro,
sino el pan todos los días.

En mil novecientos diez
Zapata se pronunció
y al grito ¡viva Madero!
á todo el Sur levantó.

Desde entonces fue elogiado
por su bravura sin par,
y el Gobierno lo trataba
con respeto sin igual.

Madero subio al poder
y Zapata se volteó,
no quizo de él depender;
contra el Gobierno se alzó.

Y desde entonces, siete años,
contra de todos peleó,
lo mismo que contra Huerta
a Carranza combatió.

En su bandera llevaba
escritas promesas mil,
ofreció repartir tierras
y hacer rico al infeliz.

Pero al fin nada cumplió
de tan notables doctrinas
y su riquísimo Estado
quedó convertido en ruinas.

El se dedicaba al juego
á los toros y mujeres,
y los negocios de Estado
los dejaba a los ujieres.

Reunida la Convención
nó la dejó gobernar,
y le dio el triunfo á Carranza
por nó saber él mandar.

Y cuando debió ser notable,
por sus grandiósas acciones
así terminó sus días
por seguir viles pasiones.

Les ruego que me perdonen
si al narrar metí la pata,
pero así cuentan murió
don Emiliano Zapata.

El Exterminio de Morelos

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Autor: Marciano Silva

Dios te perdone, Juvencio Robles,
tanta barbarie, tanta maldad,
tanta ignominia, tantos horrores,
que has cometido en nuestra entidad;
de un pueblo inerme los hombres corren
y después de esto vas á incendiar;
qué culpa tienen sus moradores
que tú no puedas al fin triunfar.

Si es que á Emiliano Zapata buscas
allá en los montes le encontrarás,
marcha á los campos contra él y lucha
y así de gloria te cubrirás;
deja los pueblos, no tienen culpa,
ya no los mandes exterminar,
el que es valiente nunca ejecuta
hechos tan viles como el actual.

Lo que es Cartón y Rasgado en suma
en nuestro Estado nunca podrán
vencer a Neri, que es la figura
más formidable que hay en el plán;
saben muy bien los sitios que ocupa,
al fin se animan, pero no van,
y como pruebas les diré algunas
de sus hazañas en realidad.

Llegan á un pueblo que abandonado
sus habitantes dejaron ya,
tiran balazos, por si emboscados
los zapatistas llegan á estar;
si este saludo no es contestado
entonces entran allí a incendiar;
triunfan los leales de un pueblo aislado
al cual dejaron sin un hogar.

Si zapatistas llegan a un pueblo
y son en número regular,
mandan un parte luego al Gobierno
más inmediato sin dilatar;
aquí se encuentran los bandoleros,
pueden venirlos á exterminar;
el bravo jefe responde luego:

Pero si saben que ya se fueron
y que muy lejos deben estar,
entonces marchan, pero lijeros,
con sus cañones a bombardear;
las pobres casas son los guerreros
con quienes van á contrarrestar
y las mujeres que sin remedio
se llevan como un trofeo marcial.

¡Cuántos pacíficos ha matado
Cartón en su cruel avilantez;
cuando algún pueblo llega á incendiar
y en sus lugares encuentra alguien,
luego en su parte pone el menguado:
honróme participar á usted
que á zapatistas he derrotado,
quité caballos y armas también.

Son nuestros pueblos solo unos llanos,
blancas cenizas, cuadros de horror,
tristes desiertos, sitios aislados,
donde se agita solo el dolor;
fúnebres restos que veneramos
como reliquias de nuestro amor,
donde nacimos, donde nos criamos
y alegres vimos la luz del sol.

Adios, Cartón y Juvencio Robles,
adios, Rasgado, bravo adalid,
llévenle a Huerta sus batallones
y su estrategia tan infeliz;
díganle que ya no hay poblaciones
ni bandoleros que perseguir,
solo Zapata y sus escuadrones
siempre supuestos a combatir.

Bravos guerreros, hijos de Esparta
que al fin se honraron con acabar,
pero á los pueblos, porque á Zapata
ni la razón han podido dar;
quemar á un pueblo creo que no es gracia,
matar inermes es cosa igual,
dejar familias en la desgracia,
eso no es honra de un militar.

Cuántas familias se hallan llorando
en tierra extraña sin un hogar,
y por su pueblo siempre anhelando
sin que ese instante pueda llegar;
cuántas familias peregrinando
de pueblo en pueblo siempre andarán
hasta que el cielo diga hasta cuándo
á sus hogares se volverán.

Soldado viles, que habeis jurado
ser la defensa de la Nación,
ya no exterminen á sus hermanos
y alcanzarán su salvación;
negro caínes cual inhumanos,
tened un rasgo de abnegación,
quiero se dignen, cual mexicanos,
oir los clamores de la razón.

Ovación al General Emiliano Zapata

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Autor: Federico Becerra

Yo, con mi escaso talento
y aunque en mala inspiración,
quise formar estos versos,
dispensarán si hay error,
solo quiero hacer recuerdos
del caudillo que murió
allá en el plan de Morelos
cuna de ese héroe de honor.

Murió aquel grande patriota
que al Estado defendió
con las armas en la mano
luchando con gran valor,
el General Emiliano
cual Hidalgo reencarnó
á libertar á su pueblo
de aquel Gobierno opresor.

El nombre del guerrillero
grabado en el corazón
á los hijos de Morelos
con letras de oro quedó;
yo como humilde versista
le rendiré mi ovación
á nuestro invicto guerrero
Zapata el Libertador.

Ese invencible suriano
que la muerte desafió,
para poder libertarnos
su vida sacrificó
en los campos de batalla,
demostró su abnegación
defendiendo el Plan de Ayala
símbolo del Pabellón.

Aquellos justos ideáles
que hasta al morir defendió
tendrán que ser inmortales
en toda nuestra nación,
porque escrito en los anales
de la historia ya quedó
la sangre que por su Patria
con gusto la derramó.

Pero el traidor de Guajardo
que infame lo traicionó;
asesino depravado,
su nombre es negro borrón,
lo mismo el viejo don Pablo
que fue quien lo dirigió;
ante la historia su nombre
será de un vil y traidor.

En fin, patriotas surianos
que existen en la ocasión,
dispensen lo mal trovado
que un principiante narró,
como hijo que es del Estado
quiso rendir su ovación
á aquel gran jefe espartano
que grabó en su corazón.

No olviden que como Hidalgo
nos sacó de la opresión
cuando el español tirano
nos tuvo en la inquisición,
así el Señor Emiliano
su nombre inmortalizó
combatiendo á los tiranos
que oprimían á la Nación.

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