LA TOMA DE CHILPANCINGO

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Nobles patriotas que en las montañas
ven del pueblo la admiración,
cuando escondidos en las cabañas
se oye el feroz rugir del cañón.

n hombre idiota de mala saña,
que fue D. Luis Gral. Cartón,
diría y cruel de malas entrañas
todo pagaste en una ocasión.

Un pueblo culto, la heroica Cuautla
que investigaba su falsedad,
salvaje bajaste a Cuautla
acostumbrado siempre a incendiar.

Que viva Huerta, muera Zapata,
decían los Juanes sin vacilar,
cuando justa, esa es la Patria
y sus armas ha de ganar.

Fuiste sin duda tú para Huerta
el hombre raro en esta ocasión
y no pensabas que en la revuelta
tú pagarías con tu batallón.

Pero Zapata que estaba alerta
tirando siempre al usurpador,
hasta que tuvo noticia cierta
que al fin bajabas con gran valor.

Hubo una junta en San Pedro Hidalgo
que varios jefes en esta vez,
pues se marchaban con mucho agrado
hacia otros puntos donde usted dirá.

Hay muchos jefes, varios soldados,
que se encontraban con grande fe
de prueba que el Colorado
que por entonces era cuartel.

En Chilpancingo, según se dice,
los generales eran un rey,
también Cartón, Ponciano Benítez
y el Gral. Juan Apoloncy.

Ellos soñaban que eran felices
y resoplaban tanto que un güey,
y los pelones echan de gices
vengan bandidos a comer güey.

Así gritaban los pobres juanes,
sobre las casas de la ciudad,
rompiendo el fuego todos iguales
Cartón gritaban con vanidad.

Muera Zapata, no crean que gana
porque él no tiene capacidad;
que viva Huerta, porque si sabe
regir un pueblo y gobernar.

El general internóse un día
hacia la plaza se dirigió,
cuando Vicario, veloz corría
para salir de la población.

Los zapatistas sólo veían
“alto” y “quién vive”, sólo se oyó.
Cartón gritaba: “viva Chón Díaz”,
y por engaños, así salió.

Ya había batido a los cartonistas,
para Acapulco querían correr
con sus cañones de dinamita,
el sitio aquél querían romper.

Pero arreglados los zapatistas
los esperaban con grande fe,
ya de antemano se hallaban listas
todas las fuerzas a acometer.

Iban corriendo por el camino
haciendo fuego sin descansar,
duró la empresa y el primer tiro
que a los tiranos habían de dar.

También Cartón, el enfurecido,
se parapeta en un tecorral;
allí a balazos fue recibido
y enfurecido hacía fuego mal.

Ya había pasado según la raya
en esa guerra que supe yo,
cayendo en manos del jefe Maya,
a quien su espada luego entregó.

No crea mi jefe que yo me vaya,
yo sólo quiero me haga un favor:
que entierre a mi hijo que en la batalla
hace un momento muerto cayó.

Maya le dijo vaya a enterrarlo
tiene permiso por la ocasión.
Así que vaya y enteirre a su hijo
vamos a hacer su presentación.

Veía a sus deudos como los hijos
hijo de mi alma morir mejor,
tras el sepulcro quiero tal hijo,
yo fui tu padre, adiós, adiós.

Mi general mi alma está grata
benevolencia yo la amaré,
yo queiro ver a alguien de Zapata
y conocerle siempre ansiaré.

Usted es Cartón, el jefe de Cuautla,
mi general no lo negaré,
pues sepa usted que yo soy Zapata
el que por los montes buscaba usted.

Corrido de la muerte de Emiliano Zapata de Samuel M. Lozano

Sin comentarios

Autor: Samuel M. Lozano.

Vengan a oír estos versos
todos con mucha atención,
de un gran suceso ocurrido
que comenta la Nación.

El jefe Pablo González
ideó sus planes certeros,
para poder dominar
al Estado de Morelos.

Primero vengo a contarles
la historia de un guerrillero,
desde que se pronunció
hasta su fin tan postrero.

En mil novecientos diez
en armas se levantó,
y al grito “¡Viva Madero!”
al gobierno combatió.

Luego Zapata y sus fuerzas
cuando Madero triunfó,
por causas no conocidas
de nuevo se sublevó.

Todos bien recordamos
cuando la traición de Huerta,
Zapata aún siendo rebelde
no se mezcló en la reyerta.

Cuando el cuartelazo infame
del día nueve de febrero
al Estado de Morelos
fué en automóvil Madero.

No se sabe a qué negocio
Madero fue a Cuernavaca,
el caso es sin contratiempo
conferenció con Zapata.

Por fin Huerta por los suyos
fué elegido Presidente,
pero Zapata en Morelos
juró a Huerta darle muerte.

Villa y Carranza en el norte
juraron con buen esmero,
vengar la sangre regada
del Presidente Madero.

Luego entre Villa y Carranza
un disgusto aconteció,
pero Emiliano Zapata
con Villa sí confrontó.

Se unieron Villa y Zapata
como buenos compañeros,
uno peleaba en el Norte
otro en el plan de Morelos.

Con Orozco y De la Barra
con Carranza y otros más,
Zapata jamás no quiso
hacer convenios de paz.

El famoso Plan de Ayala
era esa la única bandera,
que Zapata reclamaba
para terminar la guerra.

Las causas que reclamara
ese plan en realidad
es el reparto de tierras
Democracia y Libertad.

Pero Zapata renuente
nunca quiso someterse
para que buenas doctrinas
un gobierno las cumpliese.

Por fin Carranza, señores,
mandó fuerzas federales
a combatir a Zapata,
por montes, pueblos y valles.

Pues el General González
al frente de mil guerreros,
fué mandado por Carranza
al Estado de Morelos.

En un mes de operaciones
los soldados carrancistas
quitaron Cuautla Morelos
a las fuerzas zapatistas.

González dio garantías
a muchos jefes surianos
para rendirse al gobierno
en conformidad de hermanos.

Muchos jefes zapatistas
mirando las garantías,
a Zapata abandonaron
en todas sus correrías.

Zapata viéndose solo
con muy poco contingente,
acudió a su gran astucia
para reclutar más gente.

A fines del mes de marzo
del año que está presente,
Zapata mandó una carta
a Guajardo urgentemente.

Guajardo era Coronel
de las tropas de Carranza
pero logró de Zapata
hacerse de gran confianza.

Zapata mandó otra carta
hasta Cuautla astutamente,
a donde le aconsejaba
se volteara con su gente.

Guajardo le contestó
“no más espero el dinero,
para pagarle a las tropas
y pertrecharlas si puedo.

“Veinte cargas de maíz
tengo yo que recibir,
si es que usted las necesita
se las puedo conducir”.

Pues el Coronel Guajardo
fingiendo estar rebelado,
salió de Cuautla Morelos,
con sus tropas bien armado.

Guajardo salió de Cuautla
con mucho gusto y contento
al Rancho de Chinameca
para estar de destacamento.

Al licenciado Palacios
mandó Zapata al instante,
al Rancho de Chinameca
como su representante.

Cuatro cartas se mandaron
uno y otro en la ocasión,
a donde se profesaban
una gran estimación.

La última carta mandó
Guajardo en contestación,
donde le dijo a Zapata
“quedo a su disposición”.

La primera orden que dió
Zapata sin dilación,
que a Bárcenas lo matase
por jugar alta traición.

Guajardo dijo a Zapata:
“es difícil comisión,
porque Bárcenas se encuentra
en Cuautla en esta ocasión.

“Mi general, le obedezco
todo lo que mande usted,
pero mejor fuera bueno
tomar Jonacatepec”.

Por órdenes de Zapata
Guajardo salió de allí,
y la plaza fué tomada
el 8 del mes de abril.

Aunque el combate fué corto
con los falsos “zapatistas”
hubo siempre algunos muertos
de las fuerzas carrancistas.

En Tepaltzingo esperaba
Zapata de gusto henchido,
al valiente de Guajardo
por el triunfo ya obtenido.

Ya todo el plan de González
estaba casi concluído,
para poder agarrar
a Zapata muerto o vivo.

Una mujer se acercó
a Zapata desmayada,
diciéndole que Guajardo
quería hacerle una celada.

Zapata oyó los consejos
de su amiga sin igual
y también formó sus planes
para evitar cualquier mal.

“Muchachos, dijo Zapata,
tengan mucha precaución,
vigilen bien a Guajardo
que quiere hacernos traición”.

Como a las tres de la tarde
Guajardo se dirigía
a darle parte a Zapata
del gran triunfo de ese día.

Zapata dijo a Guajardo
que en prueba de estimación
celebraran ese triunfo
con un gran comelitón.

Pero el Coronel Guajardo
fingiendo estar fatigado,
dijo que no podía ir
por estar un poco malo.

Que mejor ese festín
se efectuara al otro día,
en Chinameca a su jefe
un banquete le ofrecía.

Zapata al fin accedió
a la oferta de Guajardo,
para ver si de ese modo
allí podía capturarlo.

Guajardo dijo a sus tropas
que al llegar su contrario
a Zapata se le hicieran
honras de divisionario.

Que para el segundo toque
contraseña anticipada,
los soldados sin demora
harían descarga cerrada.

Al llegar a Chinameca
Zapata, algo malició,
y cogiendo luego su arma
el combate se trabó.

Se posesionó muy bien
para poder resistir,
pero a los pocos momentos
ya no pudo combatir.

Muerto cayó en aquel sitio
por una bala certera,
terminando allí su vida
en su trágica carrera.

Varios Jefes Zapatistas
fueron hechos prisioneros,
y otros abandonaron
el Estado de Morelos.

Palafox allí murió,
Jáuregui fué capturado,
y en Cuautla de Morelos
fué también ejecutado.

El cadáver de Zapata
a Cuautla fué conducido,
para que por todo el pueblo
fuera bien reconocido.

Cuando en Morelos se supo
la nueva que aconteció,
toda la tropa con dianas
toda Cuautla recorrió.

De Ozumba y de Yautepec
de México y Cuernavaca,
iban a ver el cadáver
del que en vida fué Zapata.

Tres días estuvo su cuerpo
a la vista de la gente
hasta que fué sepultado
el día doce del presente.

Así terminó su vida
un jefe de guerrilleros,
criollito de Nenecuilco
del Estado de Morelos.

Ya este corrido he cantado
me despido con afán,
si en algo estuviere errado
las faltas perdonarán.

Historia de la Derrota y Muerte del General Luis Cartón

1 Comentario

Autor: Marciano Silva

Noble patriota que en las montañas
fuiste del pueblo la admiración,
cuando escondido entre las cabañas
se oía feroz el rugir del cañón.

El hombre idiota de mala saña
que fue el temible Luis G. Cartón,
tirano fue de malas entrañas,
pagaste todo en esta ocasión.

De un pueblo junto la heroica Cuautla,
que distinguía tu falsedad,
cuando salvaje bajaste a Huautla
acostumbrado siempre a quemar.

¡Que viva Huerta, muera Zapata!
decían tus Juanes sin vacilar,
que un pueblo junto, esa es la patria
y con tus armas debe ganar.

Sin duda tú fuiste para Huerta
un hombre raro en esa ocasión;
tuvo razón y noticia cierta
que al sur bajabas sin dilación.

Pero Zapata, que estaba alerta,
mirando siempre al usurpador;
tal vez pensabas que a la revuelta
lo acabarías con tu batallón.

Hubo una junta en San Pablo Hidalgo
de varios jefes en esa vez,
de allí se fueron al Pozo Colorado,
donde en un antes era cuartel.

Estando el jefe y muchos soldados
que se encontraban en esa vez,
de allí se fueron para otro lado
donde en un antes yo explicaré.

En Chilpancingo, según se dice,
los generales se creían rey,
que fue Cartón, Ponciano Benítez
y el conocido Juan Poloney.

Y se creían que eran muy felices
y que soplaban mayor que un fuei
y los pelones esos Benítez, decían:
“¡bandidos, vengan a comer buey!”

Así gritaban los pobres Juanes,
sobre las casas de la suidá
“–¡Rompiendo el fuego todos iguales!”
Cartón gritaba con vanidad.

“–¡Muera Zapata! ¡No crean que gane
porque no tiene capacidad!
¡Que viva Huerta! Porque él sí sabe
regir un pueblo y gobernar.”

El general Encarnación Díaz
rumbo a la plaza se dirigió,
mientras Vicario veloz corría
para salir de la población.

Los zapatistas todos decían:
“–¡Alto ahí, quien vive!” sólo se oyó,
y ellos decían “¡Viva Chón Díaz!”
y por engaños así salió.

Ya derrotados los cartonistas
el sitio aquel querían romper,
con sus cañones y dinamitas,
para Acapulco querían correr.

Pero abusados los zapatistas
que se encontraban en esa vez,
ya de antemano estaban listas
todas las tropas a acometer.

Todos corriendo por el camino
haciendo fuego sin descansar,
logró la empresa y el cruel destino
y a los traidores debe esperar.

Cartón tiraba tras del incendio,
se aparapeta en un tecorral;
llegó el instante, y llegó el momento
que los deudores deben pagar.

Ya había pisado según, la raya,
que en esa guerra preso cayó,
quedando en manos de Ignacio Maya
a quien su espada luego entregó.

“– No crea usted jefe que yo me vaya
sólo le pido me haga un favor,
que entierre a mi hijo que en la campaña
hace un momento muerto cayó.”

“– Vaya a enterrarlo –Maya le dijo–,
permiso tiene en esta ocasión,
y luego que dé sepulcro a su hijo,
vamos a hacer su presentación”.

Y él al verlo con ojos fijos
luego le dijo “moriré yo;
pobre sepulcro hoy te prodigo,
yo soy tu padre, adiós hijo, adiós.”

“Mi general, mi alma está muy grata,
benevolencia siempre esperé,
yo quiero ver al jefe Zapata,
que conocerlo siempre yo ansié”.

— “¿Usted es Cartón, el jefe de Cuautla?”
— “Mi general, no lo negaré”.
— “Pues sepa usted que yo soy Zapata
que por los montes buscaba usted”.

— “Mi general quiero me conceda
en el momento mi libertad,
quiero ir al pueblo y hasta que pueda
pedir más armas y aparentar”.

— “Luego yo mismo les haré guerra
y con empuje podré ganar,
y cuando sepa que por mí queda
la suidadela y la capital.”

— “Está muy bueno lo que usted dice
que un nuevo plan que usted pensó,
mañana libre lo dejaremos
y ya de acuerdo estaré yo.”

— “Ya me despido, me voy sereno,
muy satisfecho de su razón”;
— “General Díaz, llévelo al pueblo
mañana libre sale Cartón”.

Y ya de acuerdo los generales
lo internaron en la prisión
y él les decía: –“si son legales,
quiero que tengan buena intención.”

No le hacían caso a sus hablales
pues que él mismo les invocó.
— “Mi centinela, favor de hablale,
dígale al jefe que le hablo yo.”

Rompió la aurora del nuevo día
en que esperaba salir Cartón,
y a sus guardias él les decía:
— “Ya no me tengan en la prisión”.

Si no era cárcel donde exestía,
estaba lejos de la versión,
y los soldados bien que reían
de lo ocurrido en la ocasión.

Llegando un jefe con voz muy fuerte:
— “Salga usted afuera señor Cartón,
vamos marchando rumbo al Oeste
que así lo exige su situación”.

Se llegó al punto donde la muerte
ya lo esperaba sin dilación,
así lo exige su infausta suerte
y morirá sin vacilación.

— “Mi general, me dijo Zapata
que se me diera mi libertad,
pues yo he ofrecido que por mi patria
la vida diera, es la verdad.”

— “Pues de antemano traigo una carta
que él me ha mandado con brevedad,
de que usted muera y que se cumplan
las duras leyes de autoridad”.

— “Si siempre muero yo ya he cumplido
con los deberes de mi misión.”
— “Párese al frente, que hay cinco tiros
para el descanso de su intención”.

— “Fórmenle cuadro, vénganse cinco,
preparen armas sin dilación.
¡Vivan las fuerzas de Chilpancingo!
¡Que muera Huerta! ¡también Cartón!”

Se oyó el descargue de muchas armas
cuando Cartón dejó de exestir,
también Benítez muy de mañana
le había tocado ya sucumbir.

Quinientos hombres en la campaña
se han avanzado todos al fin,
les dieron libre en las montañas
porque a sus tierras se querían ir.

Se vino el jefe para Morelos
a ver las fuerzas de su región,
y a pocos días quedó Guerrero
sin fuerzas de la Federación.

Se vino Olea también de miedo,
de que decían “ahí viene Chón”,
a pocos días quedó Guerrero
sin fuerzas de la Federación.

Ya me despido suidá de Iguala,
Cuautla, Morelos, feliz unión.
digan que viva el Plan de Ayala
y el jefe de la Revolución.

¡Que muera Huerta en mala hora,
y los que fueron de su opinión!
¡Muera Carranza, porque no cumple
con los deberes de la Revolución!

Nueve Años se Cumplieron

1 Comentario

Autor: Elías Domínguez

Nueve años se cumplieron de la Revolución
y la patria querida no hallaba ni que hacer;
toditos los tratados eran una adulación
y para el mexicano sufrir y padecer.

Voy a hablar del gobierno de don Porfirio Díaz
que fue de más conciencia en la persecución,
cuando a los maderistas con furia perseguía,
a los pueblos trataba con consideración.

Cuando a pueblos llegaban fuerzas del señor Díaz
llegando preguntaban pues, por la autoridad
nada más indagaban por la gran rebeldía,
que en los cerros andaban con el fin de peliar.

Mirando don Porfirio que no había de ganar
dispuso el armisticio, la guerra suspendió:
Madero con sus tropas entró a la capital
y ahí quedó el gobierno a su disposición.

Luego ese presidente de México se fue,
para la vieja Europa hizo su embarcación,
dejó a la pobre patria en un cruel padecer,
inundada de sangre, ¡Cielo qué compasión!

Después siguió la guerra con Francisco I. Madero,
en contra de otros jefes que no se querían rendir;
anduvo, bajó con tropas a Cuautla de Morelos,
a ver si en conferencia los hacía convenir.

Pero no sucumbieron Zapata y otros jefes
a las órdenes que traiba don Francisco I. Madero,
y siempre pronunciados se quedaron renuentes,
por todito el estado nombrado de Morelos.

Cuando el señor Naranjo se hizo del poder,
quedando en Cuernavaca de un gran gobernador,
mando a Juvencio Robles el cual se dio a temer
quemando a muchos pueblos con bastante rigor.

Cuando a pueblos llegaban las fuerzas naranjistas
pacíficos huían con el fin de escapar,
a todito el estado nombraban zapatista
y por esa razón lo querían arrasar.

Y se fue el año doce para el plan de Morelos,
no conocía justicia, ni paz ni libertad,
al cielo se quejaban las cuadrillas y pueblos
sólo los naranjistas traían autoridad.

Por fin se le llegó a Francisco I. Madero,
el cual ni pensaba en su trance de agonía,
mil novecientos trece en el mes de febrero,
con Huerta y Mondragón, Blanquel y Félix Díaz.

De luto se vistió la hermosa capital
porque fue muy temible aquella guerra cruel,
y cuando se tomó el palacio principal,
a Madero capturó el general Blanquel.

Entonces terminó el partido maderista
y de la presidencia Huerta se apoderó;
también incendió a pueblos el gobierno huertista,
la historia lo titula por tirano y traidor.

Muchos ruegan por él, si ya se halla en descanso,
según los forzamientos de cómo nos trató.
Allá Luzbel lo tenga, siquiera en fuego manso,
por los crueles incendios y levas que inventó.

Son páginas de sangre, de luto y de tristeza,
que se verá en la historia con mucha admiración;
hablando de tiranos como fue el señor Huerta,
ese Juvencio Robles, Villegas y Cartón.

Los pueblos lo que quieren son buenas garantías,
que se juzgue arreglado el Código legal,
fungiendo bien sus leyes mucho agradecería
respetando el derecho así se hará la paz.

¡Ay si resucitara el señor Benito Juárez
y viera nuestra patria en tan cruel situación!
Sólo él la libraría de toditos los males
y rigieran las leyes de la Constitución.

En fin, patria querida ¿cuándo terminarán
las guerras fraticidas que sufre tu nación?
Ya los pueblos honrados desean tranquilidad,
porque ya están cansados de la Revolución.

Historia de la muerte del gran General Emiliano Zapata

Sin comentarios

Autor: Marciano Silva

Después de que aquél apóstol Don Francisco I. Madero
del Plan de Ciudad Juárez ingrato se burló
al ver hecho un despojo y caído por el suelo
ese estandarte honroso que repudió altanero
un pobre campesino al fin lo levantó.

Ese fiel campesino fué el inmortal suriano,
que indómito peleaba por el Plan de San Luis,
al ver que su caudillo había ya claudicado
alzó valiente y digno ese pendón sagrado
siguiendo con las armas luchando hasta el morir.

Fué Emiliano Zapata, el hombre sin segundo,
que ante la plutocracia su diestra levantó
fué un angel de la Patria, un redentor del mundo
que por su humilde raza duerme el sueño profundo
en los brazos de Vesta por voluntad de Dios.

Al ver la tiranía que contra los aztecas
los blancos dislocaban, siguió a un falso líder,
tiró a Porfirio Díaz después siguió con Huerta
peleó con bizarría contra las hordas necias
del infeliz Carranza donde llegó a caer.

Como los propietarios de este girón de tierra,
compraban los gobiernos con oro nacional
para que el proletario nunca libre se viera
teniendo un solo amo y una sola miseria
ganando en los ingenios un mísero jornal.

Por eso es que Carranza le dió a Pablo González
el mando de las fuerzas del Sur sin vacilar,
para que de Zapata murieran los ideales
pues vió que de ese Esparta sólo podría salvarle,
por tener más astucia que valor militar.

Hombre de mucho ingenio él y Jesús Guajardo
para esgrimir el alma de la más vil traición
pues de pronto se hicieron unos improvisados,
rivales al extremo que dispuso don Pablo
de que al fin se arrestara a Guajardo en la prisión.

Luego salió de Cuautla la cándida noticia
que Guajardo y don Pablo se odiaban con furor,
entonces Emiliano sin pérdida lo invita
creyendo que el pirata constitucionalista,
como al fin resentido obraría en su favor.

Guajardo le contesta, que dispuesto se hallaba
a secundarlo siempre si el perdón le ofrecía
Zapata en su respuesta tan fiel entusiasmada
dijo: con esta fecha queda garantizada,
su vida y al presente su misma jerarquía.

Después de esto le ordenó que sin pretexto alguno
me aprenda a Victoriano por ser un vil traidor,
y me lo mande luego pero muy bien seguro
pues soportar no puedo a ese falaz perjuro
que ha pisoteado indigno su palabra de honor.

Pero Guajardo a trueque de Bárcenas le entrega
sesenta voluntarios de su brigada de él
contestándole al Jefe que su orden no se lleva
a efecto estrictamente porque según las pruebas,
que Bárcenas fué enviado en comisión tal vez.

Y ese acto de barbarie alucinó a Zapata
y lo hizo caer al fondo de la credulidad
aliándose a un infame que atraído por su audacia
premeditó los planes de alevosía y ventaja
para acabar al golpe de una traición falaz.

Después viendo el efecto que produjo en Zapata,
aquella ocasión funesta le dijo con placer
con el mayor respeto le pido a usted por gracia
que me otorgue el derecho de tomar una plaza,
y esa plaza en cuenta es Jonacatepec.

Zapata contestóle, le otorgo a usted esa gracia
y puede usted tomarla con mucha precaución,
pero aquel hombre noble no vió que era una farsa,
de cómicos istriones pagados por Carranza
para que el Plan de Ayala muriera en su extención.

El fuego fué nutrido por una y otra parte
en ambos combatientes mostrábase el furor
pero lo más lucido fué, que en tan cruel desastre
ni un muerto ni un herido resultó en el combate
los proyectiles siempre obraban a favor.

De ahí como un Esparta marchó hacia Tepalcingo,
después del simulacro que cruel premeditó,
y el General Zapata, aquel digno caudillo
sobre su encuentro marcha con gusto a recibirlo
felicitando grato su indómito valor.

En medio de alborozo y vítores del pueblo
entró el Jefe y Guajardo con gran satisfacción
después de un fiel reposo Guajardo fué el primero
que marchó presuroso cual Napoleón tercero,
a San Juan Chinameca fraguando su traición.

Guajardo al separarse del gran Jefe suriano
a San Juan Chinameca con gusto lo invitó
para obsequiarle parque que traía de antemano
pero en su negra faz sólo se veía el engaño,
envuelto en su siniestra política de horror.

Al otro día Zapata marchó hacia Chinameca
con ciento cincuenta hombres de escolta nadamás,
donde lo esperaba Guajardo con firmeza
un viernes por desgracia el diez de abril por fecha
con seiscientos dragones para su acción falaz.

Del agua de los patos según dan referencias
llegó el jefe Zapata con una escolta fiel,
según ligeros datos a las siete cuarenta
en un pequeño cuarto contiguo hacia la hacienda
Guajardo y otros jefes se reunieron con él.

Para no errar el golpe Guajardo urdió la espúrea
noticia que el gobierno se acercaba veloz
ocupan luego entonces sus hombres las alturas
los barrancos y bloquea con la mayor premura
tapando las salidas con muchas precaución.

Zapata remontóse a la piedra encimada
mientras el vil Guajardo su gente disponía,
todavía el Iscariote le dijo que ordenara
si es que salía al galope llevando una avanzada
de gente de a caballo o pura infantería.

Hay muchos alambrados y la caballería
en tales circunstancias no se podrá batir
mejor lleve soldados de pura infantería
que el éxito ganado será por su hidalgía,
mientras yo a retaguardia me quedo a combatir.

Después cesó la alarma todo quedó tranquilo
era el último acto de aquel drama fatal,
mandó que lo invitaran el coronel Castillo,
para que le entregara el parque prometido
aquel noble espartano marchó sin vacilar.

Le dijo a su asistente, ve y traeme mi caballo
que el coronel me llama a su cuartel de honor
con diez de sus jinetes fué a ver a Guajardo
pues siempre los valientes no temen al menguado
porque su escudo de armas sólo es el pundonor.

Cuando tuvieron nota que el general llegaba
la banda de clarines le dió el toque de honor
la guardia presurosa al verlo presentó armas
después se oyó la odiosa y fúnebre descarga
cayendo el invencible Zapata ¡Oh que dolor!

Guajardo se soñaba el ser un Alejandro
cuando vió al suriano tendido hacia sus pies,
mandó que atravesado su cuerpo en un caballo
para que lo llevaran como un trofeo alcanzado
a Cuautla y se premiara su negra avilantez.

Al ver Pablo González llegar al vencedor
trayendo al que luchaba constante y varonil
oh cuantas atenciones al fin le prodigó,
condecorando innoble su astucia y no el valor
porque su limpia espada nunca supo medir.

Varios hombres lloraban al ver el triste fin
del hombre que luchaba por un bien nacional
las mujeres trocaban en rabia su gemir
al ver la declarada traición de un hombre vil
que hablarle cara a cara no pudo en lance tal.

Los guachos altaneros vagaban por las calles
burlándose falaces del pueblo espectador,
hoy si hijos de Morelos ya se acabó su padre
bien pueden ir a verlo e identificarlo
Guajardo en tal combate peleando lo mató.

Zapata fué el bandido por la alta aristocracia
mas a la vez ignoro su criminalidad
en su panteón lucido un ángel se destaca
trayendo así en su mano un libro lee entusiasta
“La tierra para todos y el don de Libertad”.

El año diez y nueve el mes de abril por fecha
murió el jefe Zapata como bien lo sabrán
del modo más aleve en San Juan Chinameca,
a la una y media breve de esa tarde siniestra
dejando una era grata así a la humanidad.

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