jun 08
Letras
Autor: Marciano Silva
Noble patriota que en las montañas
fuiste del pueblo la admiración,
cuando escondido entre las cabañas
se oÃa feroz el rugir del cañón.
El hombre idiota de mala saña
que fue el temible Luis G. Cartón,
tirano fue de malas entrañas,
pagaste todo en esta ocasión.
De un pueblo junto la heroica Cuautla,
que distinguÃa tu falsedad,
cuando salvaje bajaste a Huautla
acostumbrado siempre a quemar.
¡Que viva Huerta, muera Zapata!
decÃan tus Juanes sin vacilar,
que un pueblo junto, esa es la patria
y con tus armas debe ganar.
Sin duda tú fuiste para Huerta
un hombre raro en esa ocasión;
tuvo razón y noticia cierta
que al sur bajabas sin dilación.
Pero Zapata, que estaba alerta,
mirando siempre al usurpador;
tal vez pensabas que a la revuelta
lo acabarÃas con tu batallón.
Hubo una junta en San Pablo Hidalgo
de varios jefes en esa vez,
de allà se fueron al Pozo Colorado,
donde en un antes era cuartel.
Estando el jefe y muchos soldados
que se encontraban en esa vez,
de allà se fueron para otro lado
donde en un antes yo explicaré.
En Chilpancingo, según se dice,
los generales se creÃan rey,
que fue Cartón, Ponciano BenÃtez
y el conocido Juan Poloney.
Y se creÃan que eran muy felices
y que soplaban mayor que un fuei
y los pelones esos BenÃtez, decÃan:
“¡bandidos, vengan a comer buey!”
Asà gritaban los pobres Juanes,
sobre las casas de la suidá
“–¡Rompiendo el fuego todos iguales!”
Cartón gritaba con vanidad.
“–¡Muera Zapata! ¡No crean que gane
porque no tiene capacidad!
¡Que viva Huerta! Porque él sà sabe
regir un pueblo y gobernar.”
El general Encarnación DÃaz
rumbo a la plaza se dirigió,
mientras Vicario veloz corrÃa
para salir de la población.
Los zapatistas todos decÃan:
“–¡Alto ahÃ, quien vive!” sólo se oyó,
y ellos decÃan “¡Viva Chón DÃaz!”
y por engaños asà salió.
Ya derrotados los cartonistas
el sitio aquel querÃan romper,
con sus cañones y dinamitas,
para Acapulco querÃan correr.
Pero abusados los zapatistas
que se encontraban en esa vez,
ya de antemano estaban listas
todas las tropas a acometer.
Todos corriendo por el camino
haciendo fuego sin descansar,
logró la empresa y el cruel destino
y a los traidores debe esperar.
Cartón tiraba tras del incendio,
se aparapeta en un tecorral;
llegó el instante, y llegó el momento
que los deudores deben pagar.
Ya habÃa pisado según, la raya,
que en esa guerra preso cayó,
quedando en manos de Ignacio Maya
a quien su espada luego entregó.
“– No crea usted jefe que yo me vaya
sólo le pido me haga un favor,
que entierre a mi hijo que en la campaña
hace un momento muerto cayó.”
“– Vaya a enterrarlo –Maya le dijo–,
permiso tiene en esta ocasión,
y luego que dé sepulcro a su hijo,
vamos a hacer su presentación”.
Y él al verlo con ojos fijos
luego le dijo “moriré yo;
pobre sepulcro hoy te prodigo,
yo soy tu padre, adiós hijo, adiós.”
“Mi general, mi alma está muy grata,
benevolencia siempre esperé,
yo quiero ver al jefe Zapata,
que conocerlo siempre yo ansié”.
– “¿Usted es Cartón, el jefe de Cuautla?”
– “Mi general, no lo negaré”.
– “Pues sepa usted que yo soy Zapata
que por los montes buscaba usted”.
– “Mi general quiero me conceda
en el momento mi libertad,
quiero ir al pueblo y hasta que pueda
pedir más armas y aparentar”.
– “Luego yo mismo les haré guerra
y con empuje podré ganar,
y cuando sepa que por mà queda
la suidadela y la capital.”
– “Está muy bueno lo que usted dice
que un nuevo plan que usted pensó,
mañana libre lo dejaremos
y ya de acuerdo estaré yo.”
– “Ya me despido, me voy sereno,
muy satisfecho de su razón”;
– “General DÃaz, llévelo al pueblo
mañana libre sale Cartón”.
Y ya de acuerdo los generales
lo internaron en la prisión
y él les decÃa: –”si son legales,
quiero que tengan buena intención.”
No le hacÃan caso a sus hablales
pues que él mismo les invocó.
– “Mi centinela, favor de hablale,
dÃgale al jefe que le hablo yo.”
Rompió la aurora del nuevo dÃa
en que esperaba salir Cartón,
y a sus guardias él les decÃa:
– “Ya no me tengan en la prisión”.
Si no era cárcel donde exestÃa,
estaba lejos de la versión,
y los soldados bien que reÃan
de lo ocurrido en la ocasión.
Llegando un jefe con voz muy fuerte:
– “Salga usted afuera señor Cartón,
vamos marchando rumbo al Oeste
que asà lo exige su situación”.
Se llegó al punto donde la muerte
ya lo esperaba sin dilación,
asà lo exige su infausta suerte
y morirá sin vacilación.
– “Mi general, me dijo Zapata
que se me diera mi libertad,
pues yo he ofrecido que por mi patria
la vida diera, es la verdad.”
– “Pues de antemano traigo una carta
que él me ha mandado con brevedad,
de que usted muera y que se cumplan
las duras leyes de autoridad”.
– “Si siempre muero yo ya he cumplido
con los deberes de mi misión.”
– “Párese al frente, que hay cinco tiros
para el descanso de su intención”.
– “Fórmenle cuadro, vénganse cinco,
preparen armas sin dilación.
¡Vivan las fuerzas de Chilpancingo!
¡Que muera Huerta! ¡también Cartón!”
Se oyó el descargue de muchas armas
cuando Cartón dejó de exestir,
también BenÃtez muy de mañana
le habÃa tocado ya sucumbir.
Quinientos hombres en la campaña
se han avanzado todos al fin,
les dieron libre en las montañas
porque a sus tierras se querÃan ir.
Se vino el jefe para Morelos
a ver las fuerzas de su región,
y a pocos dÃas quedó Guerrero
sin fuerzas de la Federación.
Se vino Olea también de miedo,
de que decÃan “ahà viene Chón”,
a pocos dÃas quedó Guerrero
sin fuerzas de la Federación.
Ya me despido suidá de Iguala,
Cuautla, Morelos, feliz unión.
digan que viva el Plan de Ayala
y el jefe de la Revolución.
¡Que muera Huerta en mala hora,
y los que fueron de su opinión!
¡Muera Carranza, porque no cumple
con los deberes de la Revolución!
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may 25
Letras
Autor: ElÃas DomÃnguez
Nueve años se cumplieron de la Revolución
y la patria querida no hallaba ni que hacer;
toditos los tratados eran una adulación
y para el mexicano sufrir y padecer.
Voy a hablar del gobierno de don Porfirio DÃaz
que fue de más conciencia en la persecución,
cuando a los maderistas con furia perseguÃa,
a los pueblos trataba con consideración.
Cuando a pueblos llegaban fuerzas del señor DÃaz
llegando preguntaban pues, por la autoridad
nada más indagaban por la gran rebeldÃa,
que en los cerros andaban con el fin de peliar.
Mirando don Porfirio que no habÃa de ganar
dispuso el armisticio, la guerra suspendió:
Madero con sus tropas entró a la capital
y ahà quedó el gobierno a su disposición.
Luego ese presidente de México se fue,
para la vieja Europa hizo su embarcación,
dejó a la pobre patria en un cruel padecer,
inundada de sangre, ¡Cielo qué compasión!
Después siguió la guerra con Francisco I. Madero,
en contra de otros jefes que no se querÃan rendir;
anduvo, bajó con tropas a Cuautla de Morelos,
a ver si en conferencia los hacÃa convenir.
Pero no sucumbieron Zapata y otros jefes
a las órdenes que traiba don Francisco I. Madero,
y siempre pronunciados se quedaron renuentes,
por todito el estado nombrado de Morelos.
Cuando el señor Naranjo se hizo del poder,
quedando en Cuernavaca de un gran gobernador,
mando a Juvencio Robles el cual se dio a temer
quemando a muchos pueblos con bastante rigor.
Cuando a pueblos llegaban las fuerzas naranjistas
pacÃficos huÃan con el fin de escapar,
a todito el estado nombraban zapatista
y por esa razón lo querÃan arrasar.
Y se fue el año doce para el plan de Morelos,
no conocÃa justicia, ni paz ni libertad,
al cielo se quejaban las cuadrillas y pueblos
sólo los naranjistas traÃan autoridad.
Por fin se le llegó a Francisco I. Madero,
el cual ni pensaba en su trance de agonÃa,
mil novecientos trece en el mes de febrero,
con Huerta y Mondragón, Blanquel y Félix DÃaz.
De luto se vistió la hermosa capital
porque fue muy temible aquella guerra cruel,
y cuando se tomó el palacio principal,
a Madero capturó el general Blanquel.
Entonces terminó el partido maderista
y de la presidencia Huerta se apoderó;
también incendió a pueblos el gobierno huertista,
la historia lo titula por tirano y traidor.
Muchos ruegan por él, si ya se halla en descanso,
según los forzamientos de cómo nos trató.
Allá Luzbel lo tenga, siquiera en fuego manso,
por los crueles incendios y levas que inventó.
Son páginas de sangre, de luto y de tristeza,
que se verá en la historia con mucha admiración;
hablando de tiranos como fue el señor Huerta,
ese Juvencio Robles, Villegas y Cartón.
Los pueblos lo que quieren son buenas garantÃas,
que se juzgue arreglado el Código legal,
fungiendo bien sus leyes mucho agradecerÃa
respetando el derecho asà se hará la paz.
¡Ay si resucitara el señor Benito Juárez
y viera nuestra patria en tan cruel situación!
Sólo él la librarÃa de toditos los males
y rigieran las leyes de la Constitución.
En fin, patria querida ¿cuándo terminarán
las guerras fraticidas que sufre tu nación?
Ya los pueblos honrados desean tranquilidad,
porque ya están cansados de la Revolución.
Cartón, Cuautla, Cuernavaca, Europa, Félix DÃaz, Francisco I. Madero, Huerta, Juvencio Robles, Madero, México, Mondragón, Morelos, Porfirio DÃaz, Revolución, Villegas, Zapata, Zapatistas
abr 01
Letras
Autor: Marciano Silva
Después de que aquél apóstol Don Francisco I. Madero
del Plan de Ciudad Juárez ingrato se burló
al ver hecho un despojo y caÃdo por el suelo
ese estandarte honroso que repudió altanero
un pobre campesino al fin lo levantó.
Ese fiel campesino fué el inmortal suriano,
que indómito peleaba por el Plan de San Luis,
al ver que su caudillo habÃa ya claudicado
alzó valiente y digno ese pendón sagrado
siguiendo con las armas luchando hasta el morir.
Fué Emiliano Zapata, el hombre sin segundo,
que ante la plutocracia su diestra levantó
fué un angel de la Patria, un redentor del mundo
que por su humilde raza duerme el sueño profundo
en los brazos de Vesta por voluntad de Dios.
Al ver la tiranÃa que contra los aztecas
los blancos dislocaban, siguió a un falso lÃder,
tiró a Porfirio DÃaz después siguió con Huerta
peleó con bizarrÃa contra las hordas necias
del infeliz Carranza donde llegó a caer.
Como los propietarios de este girón de tierra,
compraban los gobiernos con oro nacional
para que el proletario nunca libre se viera
teniendo un solo amo y una sola miseria
ganando en los ingenios un mÃsero jornal.
Por eso es que Carranza le dió a Pablo González
el mando de las fuerzas del Sur sin vacilar,
para que de Zapata murieran los ideales
pues vió que de ese Esparta sólo podrÃa salvarle,
por tener más astucia que valor militar.
Hombre de mucho ingenio él y Jesús Guajardo
para esgrimir el alma de la más vil traición
pues de pronto se hicieron unos improvisados,
rivales al extremo que dispuso don Pablo
de que al fin se arrestara a Guajardo en la prisión.
Luego salió de Cuautla la cándida noticia
que Guajardo y don Pablo se odiaban con furor,
entonces Emiliano sin pérdida lo invita
creyendo que el pirata constitucionalista,
como al fin resentido obrarÃa en su favor.
Guajardo le contesta, que dispuesto se hallaba
a secundarlo siempre si el perdón le ofrecÃa
Zapata en su respuesta tan fiel entusiasmada
dijo: con esta fecha queda garantizada,
su vida y al presente su misma jerarquÃa.
Después de esto le ordenó que sin pretexto alguno
me aprenda a Victoriano por ser un vil traidor,
y me lo mande luego pero muy bien seguro
pues soportar no puedo a ese falaz perjuro
que ha pisoteado indigno su palabra de honor.
Pero Guajardo a trueque de Bárcenas le entrega
sesenta voluntarios de su brigada de él
contestándole al Jefe que su orden no se lleva
a efecto estrictamente porque según las pruebas,
que Bárcenas fué enviado en comisión tal vez.
Y ese acto de barbarie alucinó a Zapata
y lo hizo caer al fondo de la credulidad
aliándose a un infame que atraÃdo por su audacia
premeditó los planes de alevosÃa y ventaja
para acabar al golpe de una traición falaz.
Después viendo el efecto que produjo en Zapata,
aquella ocasión funesta le dijo con placer
con el mayor respeto le pido a usted por gracia
que me otorgue el derecho de tomar una plaza,
y esa plaza en cuenta es Jonacatepec.
Zapata contestóle, le otorgo a usted esa gracia
y puede usted tomarla con mucha precaución,
pero aquel hombre noble no vió que era una farsa,
de cómicos istriones pagados por Carranza
para que el Plan de Ayala muriera en su extención.
El fuego fué nutrido por una y otra parte
en ambos combatientes mostrábase el furor
pero lo más lucido fué, que en tan cruel desastre
ni un muerto ni un herido resultó en el combate
los proyectiles siempre obraban a favor.
De ahà como un Esparta marchó hacia Tepalcingo,
después del simulacro que cruel premeditó,
y el General Zapata, aquel digno caudillo
sobre su encuentro marcha con gusto a recibirlo
felicitando grato su indómito valor.
En medio de alborozo y vÃtores del pueblo
entró el Jefe y Guajardo con gran satisfacción
después de un fiel reposo Guajardo fué el primero
que marchó presuroso cual Napoleón tercero,
a San Juan Chinameca fraguando su traición.
Guajardo al separarse del gran Jefe suriano
a San Juan Chinameca con gusto lo invitó
para obsequiarle parque que traÃa de antemano
pero en su negra faz sólo se veÃa el engaño,
envuelto en su siniestra polÃtica de horror.
Al otro dÃa Zapata marchó hacia Chinameca
con ciento cincuenta hombres de escolta nadamás,
donde lo esperaba Guajardo con firmeza
un viernes por desgracia el diez de abril por fecha
con seiscientos dragones para su acción falaz.
Del agua de los patos según dan referencias
llegó el jefe Zapata con una escolta fiel,
según ligeros datos a las siete cuarenta
en un pequeño cuarto contiguo hacia la hacienda
Guajardo y otros jefes se reunieron con él.
Para no errar el golpe Guajardo urdió la espúrea
noticia que el gobierno se acercaba veloz
ocupan luego entonces sus hombres las alturas
los barrancos y bloquea con la mayor premura
tapando las salidas con muchas precaución.
Zapata remontóse a la piedra encimada
mientras el vil Guajardo su gente disponÃa,
todavÃa el Iscariote le dijo que ordenara
si es que salÃa al galope llevando una avanzada
de gente de a caballo o pura infanterÃa.
Hay muchos alambrados y la caballerÃa
en tales circunstancias no se podrá batir
mejor lleve soldados de pura infanterÃa
que el éxito ganado será por su hidalgÃa,
mientras yo a retaguardia me quedo a combatir.
Después cesó la alarma todo quedó tranquilo
era el último acto de aquel drama fatal,
mandó que lo invitaran el coronel Castillo,
para que le entregara el parque prometido
aquel noble espartano marchó sin vacilar.
Le dijo a su asistente, ve y traeme mi caballo
que el coronel me llama a su cuartel de honor
con diez de sus jinetes fué a ver a Guajardo
pues siempre los valientes no temen al menguado
porque su escudo de armas sólo es el pundonor.
Cuando tuvieron nota que el general llegaba
la banda de clarines le dió el toque de honor
la guardia presurosa al verlo presentó armas
después se oyó la odiosa y fúnebre descarga
cayendo el invencible Zapata ¡Oh que dolor!
Guajardo se soñaba el ser un Alejandro
cuando vió al suriano tendido hacia sus pies,
mandó que atravesado su cuerpo en un caballo
para que lo llevaran como un trofeo alcanzado
a Cuautla y se premiara su negra avilantez.
Al ver Pablo González llegar al vencedor
trayendo al que luchaba constante y varonil
oh cuantas atenciones al fin le prodigó,
condecorando innoble su astucia y no el valor
porque su limpia espada nunca supo medir.
Varios hombres lloraban al ver el triste fin
del hombre que luchaba por un bien nacional
las mujeres trocaban en rabia su gemir
al ver la declarada traición de un hombre vil
que hablarle cara a cara no pudo en lance tal.
Los guachos altaneros vagaban por las calles
burlándose falaces del pueblo espectador,
hoy si hijos de Morelos ya se acabó su padre
bien pueden ir a verlo e identificarlo
Guajardo en tal combate peleando lo mató.
Zapata fué el bandido por la alta aristocracia
mas a la vez ignoro su criminalidad
en su panteón lucido un ángel se destaca
trayendo asà en su mano un libro lee entusiasta
“La tierra para todos y el don de Libertad”.
El año diez y nueve el mes de abril por fecha
murió el jefe Zapata como bien lo sabrán
del modo más aleve en San Juan Chinameca,
a la una y media breve de esa tarde siniestra
dejando una era grata asà a la humanidad.
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nov 30
Letras
Era el 23 de Junio
Hablo con los mas presentes
fue tomado Zacatecas
por las tropas insurgentes
Ya tenÃan algunos dÃas
que se estaban agarrando
cuando llego Pancho Villa
a ver que estaba pasando
Las ordenes que dio Villa
a todos en formación
pa’ empezar el combate
al disparo de un cañon
Que viva mi General Francisco Villa
Al disparo de un cañon
como lo tenÃan de acuerdo
empezó duro el combate
lado derecho e izquierdo
Le toco atacar La Bufa
a Villa, Urdina y Natera
por allà tenÃan que verse
como el dÃa de su bandera
las calles de Zacatecas
de muerto entapizada
lo mismo estaban los cerros
por el fuego de granada
Desde Guadalupe
el Cerro de La Bufa
todos lados
Hay hermoso Zacatecas
mira como te han dejado
la causa fue el viejo Huerta
y tanto rico allegado
Ahora si borracho Huerta
harás las patas mas chuecas
al saber que Pancho Villa
ha tomado Zacatecas
Antonio Aguilar, Guadalupe, Huerta, La Bufa, Mariachi, Natera, Pancho Villa, Revolución, Urdina, Zacatecas
oct 06
Letras
Ya le hicieron justicia merecida
la que México pedÃa con razón
al famoso General Francisco Villa
es orgullo de toda mi nación
Ahora si el valiente general
ya se cuenta un gran héroe mexicano
ya esta escrito en la historia nacional
con letras de oro en un recinto oficial
Ya su patria esta satisfecha
por que el gobierno lo reconoció
en las batallas fue mano derecha
luchando siempre en la revolución
Toda su gente, la viva y la muerte
ya descansaron al verlo triunfar
como triunfo frente al General Huerta
y en mil batallas que no puedo numerar
Francisco Villa del norte era Centauro
por su gran patria lucho toda su vida
de cuna humilde nacido haya en Durango
su gran figura del mundo conocida
Yo le canto a toda mi nación
este corrido de mi gran general
de todo el mundo la admiración
por su valor y gran capacidad
Antonio Aguilar, Centauro del Norte, Durango, Francisco Villa, General, Huerta, México, Revolución
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