Corrido del Plan de Ayala

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Autor: Leonardo Kosta

En mil novecientos once
antes de la navidad
el general Emiliano
lanzó el plan libertador.

Fue en la Villa de Ayala
que el ejército del sur
puso en letra y en papeles
lo que en pólvora escribió.

Porque Francisco Madero
se guardó la libertad
que con cañones y sangre
el pueblo se conquistó.

No derramamos la sangre
para entregarle el poder
ni para que nos gobierne
su mezquina voluntad.

Por eso el jefe Zapata
pronto lo desconoció
porque la piel de la oveja
el lobo se la quitó.

No queremos componendas
con la gente del patrón
nos vale más andar solos
que con tanto recabrón.

La palabra de Emiliano
dice que ahora si nos den
toda la tierra y el agua
que usurpó tanto ladrón.

Que vivan todos los pueblos
con esta
y que mueran las haciendas
los caciques y el patrón.

Tragedia en Nueva York, El As de la Sierra

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La guerra ya comenzó
en los
y miren como empezó
con aviones dirigidos
a esas torres tan hermosas
el terrorismo ha surgido

no me quisiera acordar
de imágenes tan violentas
ni me quiero imaginar
en cuanta gente esta muerta
de luto esta el mundo entero
esto es inicio de guerra

Que mentes tan criminales
o tal vez sean desquiciados
de que países vinieron
esos planes tan malvados
dicen que son talibanes
los que están involucrados

la primera guerra del siglo
señores ya comenzó
el que organizo el ataque
no sabe en que se metió
el que resulte culpable
hay probrecita nación

Que planes tan estudiados
al secuestrar cinco aviones
con dieciocho terroristas
hicieron operaciones
Washington y Nueva York
el blanco de esos traidores

Un Martes negro señores
las 8:15 serian
cuando en las torres gemelas
un avión se estrellarían
la gente se imaginaban
que un accidente seria

la gente de Nueva York
sin sabes lo que pasaba
mirando arder esas torres
otro avión se aproximaba
como a los 15 minutos
con la otra torre chocaba

me da tristeza cantarles
pero lo tenia que hacer
los que iniciaron la guerra
preparecen para perder
el país de ese cobarde
puede desaparecer

El Exterminio de Morelos

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Autor: Marciano Silva

Dios te perdone, Juvencio Robles,
tanta barbarie, tanta maldad,
tanta ignominia, tantos horrores,
que has cometido en nuestra entidad;
de un pueblo inerme los hombres corren
y después de esto vas á incendiar;
qué culpa tienen sus moradores
que tú no puedas al fin triunfar.

Si es que á buscas
allá en los montes le encontrarás,
marcha á los campos contra él y lucha
y así de gloria te cubrirás;
deja los pueblos, no tienen culpa,
ya no los mandes exterminar,
el que es valiente nunca ejecuta
hechos tan viles como el actual.

Lo que es Cartón y Rasgado en suma
en nuestro Estado nunca podrán
vencer a Neri, que es la figura
más formidable que hay en el plán;
saben muy bien los sitios que ocupa,
al fin se animan, pero no van,
y como pruebas les diré algunas
de sus hazañas en realidad.

Llegan á un pueblo que abandonado
sus habitantes dejaron ya,
tiran balazos, por si emboscados
los llegan á estar;
si este saludo no es contestado
entonces entran allí a incendiar;
triunfan los leales de un pueblo aislado
al cual dejaron sin un hogar.

Si zapatistas llegan a un pueblo
y son en número regular,
mandan un parte luego al Gobierno
más inmediato sin dilatar;
aquí se encuentran los bandoleros,
pueden venirlos á exterminar;
el bravo jefe responde luego:

Pero si saben que ya se fueron
y que muy lejos deben estar,
entonces marchan, pero lijeros,
con sus cañones a bombardear;
las pobres casas son los guerreros
con quienes van á contrarrestar
y las mujeres que sin remedio
se llevan como un trofeo marcial.

¡Cuántos pacíficos ha matado
Cartón en su cruel avilantez;
cuando algún pueblo llega á incendiar
y en sus lugares encuentra alguien,
luego en su parte pone el menguado:
honróme participar á usted
que á zapatistas he derrotado,
quité caballos y armas también.

Son nuestros pueblos solo unos llanos,
blancas cenizas, cuadros de horror,
tristes desiertos, sitios aislados,
donde se agita solo el dolor;
fúnebres restos que veneramos
como reliquias de nuestro amor,
donde nacimos, donde nos criamos
y alegres vimos la luz del sol.

Adios, Cartón y Juvencio Robles,
adios, Rasgado, bravo adalid,
llévenle a Huerta sus batallones
y su estrategia tan infeliz;
díganle que ya no hay poblaciones
ni bandoleros que perseguir,
solo Zapata y sus escuadrones
siempre supuestos a combatir.

Bravos guerreros, hijos de Esparta
que al fin se honraron con acabar,
pero á los pueblos, porque á Zapata
ni la razón han podido dar;
quemar á un pueblo creo que no es gracia,
matar inermes es cosa igual,
dejar familias en la desgracia,
eso no es honra de un militar.

Cuántas familias se hallan llorando
en tierra extraña sin un hogar,
y por su pueblo siempre anhelando
sin que ese instante pueda llegar;
cuántas familias peregrinando
de pueblo en pueblo siempre andarán
hasta que el cielo diga hasta cuándo
á sus hogares se volverán.

Soldado viles, que habeis jurado
ser la defensa de la Nación,
ya no exterminen á sus hermanos
y alcanzarán su salvación;
negro caínes cual inhumanos,
tened un rasgo de abnegación,
quiero se dignen, cual mexicanos,
oir los clamores de la razón.

Ovación al General Emiliano Zapata

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Autor: Federico Becerra

Yo, con mi escaso talento
y aunque en mala inspiración,
quise formar estos versos,
dispensarán si hay error,
solo quiero hacer recuerdos
del caudillo que murió
allá en el plan de
cuna de ese héroe de honor.

Murió aquel grande patriota
que al Estado defendió
con las armas en la mano
luchando con gran valor,
el General Emiliano
cual Hidalgo reencarnó
á libertar á su pueblo
de aquel Gobierno opresor.

El nombre del guerrillero
grabado en el corazón
á los hijos de Morelos
con letras de oro quedó;
yo como humilde versista
le rendiré mi ovación
á nuestro invicto guerrero
Zapata el Libertador.

Ese invencible suriano
que la muerte desafió,
para poder libertarnos
su vida sacrificó
en los campos de batalla,
demostró su abnegación
defendiendo el
símbolo del Pabellón.

Aquellos justos ideáles
que hasta al morir defendió
tendrán que ser inmortales
en toda nuestra nación,
porque escrito en los anales
de la historia ya quedó
la sangre que por su Patria
con gusto la derramó.

Pero el traidor de Guajardo
que infame lo traicionó;
asesino depravado,
su nombre es negro borrón,
lo mismo el viejo don Pablo
que fue quien lo dirigió;
ante la historia su nombre
será de un vil y traidor.

En fin, patriotas surianos
que existen en la ocasión,
dispensen lo mal trovado
que un principiante narró,
como hijo que es del Estado
quiso rendir su ovación
á aquel gran jefe espartano
que grabó en su corazón.

No olviden que como Hidalgo
nos sacó de la opresión
cuando el español tirano
nos tuvo en la inquisición,
así el Señor Emiliano
su nombre inmortalizó
combatiendo á los tiranos
que oprimían á la Nación.

Historia del pronunciamiento del General Emiliano Zapata

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Autor: G.M.

Atención te pido, público sensato
voy a dar mi explicación,
aquí en esta historia que yo les redacto
en mi mal pronunciación.

Voy a dar un pormenor
citando lo positivo,
porque ya enterado estoy
como también persuadido.

El Jefe Zapata no estando conforme
después de haber conquistado
se salió de Cuautla según los informes
pensando en los resultados.

Se fue rumbo a Nenecuilco
que era su tierra natal,
porque conoció el peligro,
pues lo iban a traicionar.

Estando en su casa aunque no tranquilo
pensando en lo que sería,
el nuevo gobierno quiso perseguirlo
por su grande bizarría.

Porque era un hombre valiente
nuestro General suriano,
querían políticamente
por completo exterminarlo.

Llegó la noticia según se declara
al pueblo de Nenecuilco,
que luego al momento él se retiraba,
que iban a formarle sitio.

Mandó tocar las campanas
nuestro invicto General,
vamos de nuevo a campaña
a defender nuestro ideal.

En aquel momento se reunió su pueblo
para ver lo que pasaba,
y les dio a saber que el nuevo Gobierno
asesinarlo trataba.

Yo no ambiciono la silla
ni tampoco un alto puesto,
siento a mi Patria querida
verla en tan cruel sufrimiento.

Hablóle a su hermano con toda firmeza
y le dijo en el momento;
rendir yo mis armas sería una tristeza
sólo ya después de muerto.

Esta es política falsa,
la tengo bien conocida,
quieren que entregue las armas
para quitarnos la vida.

Respondió don Eufemio con acento fijo
y un valor sin segundo
ya no condesciendas en tu armisticio
morir peleando es orgullo.

Levantémonos en armas
vamos de nuevo a sufrir,
las conferencias dejarlas
hasta vencer o morir.

Hoy lo que interesa es otra providencia
a lo que el tiempo depare,
para recibir de la Omnipotencia,
lo que del cielo mandare.

Saldremos, después veremos
que descubra el firmamento,
al fin después volveremos
si nos da lugar el tiempo.

Día 30 de agosto dieron este grito,
todos de conformidad,
viva nuestra Patria y este requisito
de paz, tierra y de libertad.

Vámonos a padecer
vamos de nuevo a sufrir,
traidor nunca lo he de ser,
por mi Patria he de morir.

Salieron de Ayala rumbo a Chinameca
donde se reunieron todos,
pidiendo permiso con toda presteza
para jugar unos toros.

Dos días de toros jugaron
nos quedan como recuerdos,
y un hombre vil por trasmano
mandó un parte a .

Aquí en esta hacienda se encuentra Zapata
si lo quieren agarrar,
trae muy pocos hombres y escasos de armas
ahora se han de aprovechar.

Fórmenle una entretenida
sin dárselo a maliciar
denle todo lo que él pida
que su día va a llegar.

Mandaron el parte a un jefe, a Morelos
puesto por la Presidencia,
a traerme a Zapata se va usted al momento,
se halla en San Juan Chinameca.

Con mucho gusto lo haré,
ahora sí no se me escapa,
hoy mismo le traigo a usted
la cabeza de Zapata.

Con 600 hombres marchó entusiasmado
queriendo lograr su intento,
pero Dios que es dueño de todo lo creado
les frustró su pensamiento.

Como a las once del día
por Santa Rita pasaron
dos hombres iban de guía
al punto donde llegaron.

Hacia una rejilla donde dispusieron
dividirse por la altura,
y por la Cañada doscientos se fueron,
los demás por la Herradura.

Sin saber que el General
había puesto su avanzada,
al pie de un buen tecorral
les preparó su emboscada.

Cuando le mandaron el ¡alto, quién vive!
Figueroa, todos gritaron,
con un par de bombas que fué confundible
al momento contestaron.

Diez eran los ,
contrarios seiscientos fueron,
pero sus grandes conquistas
con valor las defendieron.

De cada descarga de los zapatistas
diez o doce se tumbaron
porque ya su gente estaba bien
y bien muertos los dejaron.

Los bombazos resonaban
sin cesar cada momento
los zapatistas peleaban
haciéndoles muchos muertos.

Cuando el General se hallaba gustando
con don Santiago Posadas,
llegó la noticia de que el Gobierno
había dado.
Que a la hacienda se acercaban.

Se montó en su buen caballo
paso a paso se fue yendo,
con unos cinco soldados
se quedó reconociendo.

Cuando el General divisó al Gobierno
que se acercaba al Poniente
echó mano al rifle, se apeó muy sereno
con cinco les hizo frente.

Lo rodearon cuatrocientos
pero no se acobardó
le hicieron fuego al momento
y entre ellos se revolvió.

A pocos momentos que se tiroteaba
Zapata se despidió,
haciéndoles fuego con tres que quedaron
a los cerros se internó.

Dicen que los derrotaron
porque así corrió la voz
pero sólo a tres mataron
contrarios sesenta y dos.

De testigo pongo aquí al siglo veinte
como certero y seguro
para que noticie del hecho presente
de lo pasado y futuro.

De Zapata estos recuerdos
quedaron siempre grabados,
en todo el plan de Morelos
y los pechos mexicanos.

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