jun 18
Letras
Escuche toda la gente que a los combates no entró
el corrido del valiente Genovevo de la O.
Desde los principios de enero de 1911
apareció este guerrero, de cuerpo y alma de bronce.
Nació en un pueblo cercano, llamado Santa MarÃa,
le echaron tres pericos los federales un dÃa;
allà lo cogieron preso cuando estaba descuidado
y se les fue a los pelones que le hicieron el mandado…
Desde entonces cada dÃa fue terror de los federales,
porque él muy bien sabÃa que eran puritos ojales.
Los pelones en venganza de su noble valentÃa,
con vileza y felonÃa quemaron Santa MarÃa;
pero juró Genovevo vengar a su pobre gente
que sin haber ofendido sufrÃa tan amargamente…
Probó su valor a raya y sus fuertes energÃas,
en los ataques famosos de la Cima y Tres MarÃas;
Robles que era tan tirano, una vez dijo en Las Lajas:
A ese hombre le tengo miedo porque me ha causado bajas.
A todos los naranjitas les dio del duro y parejo
y muchos en Cuernavaca estiraron el pellejo…
En cuanto combate entraba el Gral. De la O,
de su valor temerario bastantes pruebas les dio.
A Ojeda le dijo un dÃa: no te he de dejar en calma,
traigo balas y machetes para darte hasta en el alma;
y de veras lo cumplió como se lo habÃa ofrecido
en el alma le dio a ese federal bandido…
Las trincheras del Madroño les causaban miedo tanto,
que los pelones decÃan: ¡Es el cerro del espanto!;
en el sitio de Cuernavaca que duró 50 dÃas,
el general Genovevo dio más empuje y valentÃa.
El 12 de agosto, Ojeda quemó armas y municiones,
porque ya se le daban las doce para hacer evacuación.
Con seis mil federales salió el 13 en la mañana,
dejando en el camino los vellones de su lana.
Aunque corrió como liebre lo dejaron como nuevo,
casi en todo el camino lo aniquiló Genovevo.
En cuanto entró triunfador con los, hombres que traÃa,
todo el pueblo le decÃa: ¡Que viva el libertador!
Que sepa toda la gente lo que Genovevo ha sido,
y aquà se acaba el corrido de ese general valiente.
1911, Cima, Cuernavaca, Las Lajas, Santa MarÃa, Tres MarÃas, Zapata, Zapatistas
jun 17
Letras
Por ahà va la bola, ¡oh público honrado!
aquà comienza a rodar
la historia de un hombre de armas, afamado;
les contaré en mi cantar.
El hombre que da su vida
por servir a los demás,
el pueblo nunca lo olvida
ni lo olvidará jamás.
Como hijo del pueblo que tanto ha sufrido
mil formas de explotación,
en su misma lengua le hago este corrido
para ilustrar su razón.
Que perdonen los letrados
mi estilo, por verdadero;
el que usan los ilustrados
para el pueblo es extranjero.
A mà no me espantan los juicios severos
de los del estilo puro,
los últimos siempre han sido los primeros,
de eso se encarga el futuro.
Por eso mi canto digo
en cualquier parte que estoy,
al pueblo que va conmigo,
porque con el pueblo voy.
Perdonen señores que me haya salido
de la materia en cuestión,
aquà va la historia que les he ofrecido,
prestadme vuestra atención.
Lo que aquà voy a narrarles
no es invención ni es albur,
de Zapata voy a hablarles,
prócer caudillo del Sur.
Don Gabriel Zapata cierta vez lloraba
con tristeza y con pesar,
de ver que en su barrio ya no les quedaba
ni una huerta, ni un hogar.
En la cocina sentado
como si fuera a cenar,
de sus diez hijos rodeado,
no dejaba de llorar.
–¿Por qué lloras, padre? –pregunta Emiliano,
no llores que nos aterras.
–Es porque los amos con pistola en mano,
nos han quitado las tierras.
En nuestro propio terreno
nos vienen a maltratar,
como a perro en rancho ajeno,
cuando somos del lugar.
–¿Por qué no pelean contra esos tiranos
y acaban la esclavitud?
–Hijo, tus palabras son brotes tempranos,
no entras ni, a la juventud.
Ellos son muy poderosos,
no los podemos vencer;
parecen perros rabiosos
parientes de Lucifer.
–Yo haré que devuelvan las tierras robadas,
y se calme tu dolor;
es un juramento, no bravuconadas,
te doy palabra de honor.
Aunque yo he sido el noveno
de tus hijos en nacer,
he dé trocar el veneno
de tu dolor, en placer.
–Eres muy pequeño para hablar como hombre
que ya es de mayor edad;
si no compartieras mi sangre y mi nombre,
dirÃa que es liviandad.
En los ricos no hay nobleza,
todo en ellos es crueldad;
lo que falta en gentileza
suplen con autoridad.
–Aunque convertido en pequeña criatura
me tenga el tiempo traidor,
no ha de ser motivo mi corta estatura
para que en mà no haya honor.
La edad no puede ser mengua
para el alma y la razón;
bien es que diga la lengua
lo que sufre el corazón.
Mientras tanto, llora, ¡oh padre querido
tu desdicha y tu dolor!
Pero cuando al débil el fuerte ha vencido,
no puede haber deshonor.
Si la justicia no ampara
al campesino ni al peón,
más vale vergüenza en cara
que mancilla en corazón.
Mi edad es muy corta, pero no es mezquina,
me ha permitido mirar
que siempre los amos han cernido harina,
sin sufrir ni trabajar.
Pronto espero que la rueda
cambie de ruta al girar;
pues todavÃa les queda
la cola por desollar.
–Por más que este trato nos duela y nos pese,
nos suceda lo que al buey;
que el yugo pesado que tanto aborrece,
lo lleva a cuestas por ley.
Sólo tú me has restituido,
hijo de mi corazón,
todo el valor convertido
en obediencia al patrón.
La vida es la misma para el campesino,
nadie responde por él;
lo exprimen los amos, igual que el molino
a la caña de aguamiel.
Ya que está viejo y cansado
no hay quien trabajo le dé;
cuando está el árbol tirado,
todos le dan con el pie.
Yo soy un anciano que en la sangre llevo
sólo cansancio y dolor;
de este tronco viejo, tú eres el renuevo
pleno de savia y vigor.
Cifro en ti mis esperanzas
y deposito mi honor;
no escuches las alabanzas
del que espera tu favor.
Que el rigor del fuerte tu valor no ablande,
ni las güeras relumbrosas;
y que el miedo nunca juegue cuando grande
con tus partes vergonzosas.
En ti hay valor y nobleza
que el rigor nunca quebranta;
¡no te hiera la flaqueza
ni cuchillo en la garganta!
Este es el principio de una larga historia
que les comienzo a narrar,
grábensela todos, y que su memoria,
nunca la vaya a olvidar.
Que perdone la alegrÃa,
el canto se ha interrumpido;
mañana será otro dÃa,
ya seguiré mi corrido.
Emiliano Zapata, Zapata
jun 16
Letras
Al pie de tu sepulcro,
mi General Zapata,
en nombre de la Patria
yo te ofrendo una flor.
Valiente guerrillero,
valiente hijo del pueblo,
mi México te aclama
y alaba tu valor.
También entono mi canto,
para tus generales,
aquellos hombres leales
valientes como tú.
A ellos una rosa,
a tà bellos laureles,
para seguir tus sienes
mi… del sur
Ay, ay, ay, descansa en paz,
bajo el cielo que amaste,
donde vive tu frase
de Tierra y Libertad.
Allá por Chinameca,
donde te traicionaron,
tu sangre está brillando
como un rayo de sol.
Y tu nombre en la historia,
cubierto está de gloria,
con lágrimas de un pueblo
que te tributa honor.
Adiós celoso…,
adiós Cuautla, Morelos,
la que guarda en sus senos
al hijo que la amó.
Adiós don Emiliano,
mi General Zapata,
en nombre de la Patria
recibe blanca flor.
Ay, ay, ay, descansa en paz,
bajo el cielo que amaste,
donde vive tu frase
de Tierra y Libertad.
Chinameca, Cuautla, Emiliano Zapata, México, Morelos, Tierra y Libertad, Zapata
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