Bola suriana del General Felipe Neri

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Con tristes clamores doblen las campanas
anunciando el triste día,
vístanse de luto las tropas surianas
al oir el toque de agonía.

Fué la partida de un hombre,
de un valiente mexicano,
que por su nombradía y tanto renombre
la existencia le han quitado.

Era un brazo fuerte de los de Zapata,
estimado en toda extensión,
con mucha firmeza defendió la causa,
nunca le infringió traición.

Varios han de recordar
que deveras fue muy hombre,
que a los federales los hacía temblar
tan solo de oir su nombre.

Distintos combates, como es positivo,
por eso su honor recobra,
entre todos ellos fue el más distinguido,
como se le vió en su obra.

Aun los mismos federales
decían a lo reservado,
ay! si hubiera tres de estos generales
ya se hubiera conquistado.

Chiautla lo refiere como Santa Clara,
Jonacate y sus victorias,
todas esas fechas quedan asentadas
en el libro de la historia.

Tepoztlán y la Calzada,
Nepantla y Hucuituco,
muy bien han fijado en él sus miradas,
para cuando llegue el triunfo.

En ese Hucuituco puso su cuartel,
por las cosas tan notorias,
a la hora del triunfo se han de acordar dél
como goce de sus glorias.

Era una espada valiente
en la Patria Mexicana,
no volverá a brillar siempre
en la República indiana.

En el mes de enero, fecha veintiséis,
mil novecientos catorce,
nadie ponga en duda lo que cierto fue;
esto lo escribió un reporter.

Cuanto dolor ha causado,
a todo el mundo le pesa,
que uno de los mismos le haya traicionado
y eso si fue una vileza.

Allá en Tlayacápan fue a donde se hallaba
sin pensar en lo profundo,
quién le hubiera dicho que la hora llegaba
de separarse del mundo.

Las siete v media marcaba
el relox cuando marchó,
con veinte soldados que lo acompañaban
rumbo a Tepoztlán salió.

En el mismo dia llegó a Tepoztlán
dirigiéndose al cuartel,
donde este Barona decía con afán,
quiero contestar con él.

Pronto respondió un vasallo:
Ya se fue a su campamento.
-No lo paso a creer; allí veo su caballo;
nada de esto ha de ser cierto.

Entonces Felipe pico su caballo,
según la razón le daba,
entre una casa, una tranca enfrente,
allí sería la hora llegada.

Iba de buen corazón,
según lo manifestaba,
que lejos estaba de una vil traición;
qué suerte tan desgraciada!

Mirando a Barona bajó el pié derecho,
y en el rostro recibió un tiro,
y al morir le dijo: “Antonio, qué has hecho?
-No venía a pelear contigo.

-El morirme no me pesa;
hombre soy, no vil soldado,
siento el compromiso; el que con vileza,
Barona, me hayas matado.

Esto bien sería la una de la tarde
cuando todo ésto pasó,
el General Neri en el primer descargue
del caballo se cayó.

Baldomero, al verlo caer,
se fue como un bravo león,
sobre de él disparó con tino
hiriéndolo con razón.

En el mismo día mandaron el parte,
por la razón natural,
al señor Zapata, a don Emiliano,
como jefe principal.

Donde muy bien se informó
de todo lo acontecido;
después de informado lo lloró,
y exhaló un tierno suspiro.

El dia veintisiete sepulcro le dieron,
como Dios manda al viviente;
hombres y mujeres todas lo sintieron,
lloraron amargamente.

Nuestro amparo se acabó,
asombro del mal gobierno,
llorad, mexicanos, con justa razón,
no volveremos a verlo.

Se acabó un valiente, una espada fuerte
del Estado de Morelos,
tengan bien presente que en el Siglo XX
quedan los tristes recuerdos.

Adiós, valerosa espada,
adiós, valiente campeón,
dejaste a ta patria triste y enlutada,
por pasar a otra mansión.

Todo aquel que quiera de buen corazón
visitar esos lugares,
se halla en Amatlán, centro donde está
sepultado su cadáver.

Suplico a todos rendido
que me otorguen el perdón,
que me disimulen mi torpe sentido
en tan triste narración.

La llegada del señor General Emiliano Zapata a la Ciudad de México

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Voy a cantarles señores,
lo que ayer nos ocurrió,
que el general Emiliano
por San Lázaro llegó.

Llegó a la Escuela de Tiro
y luego se fue al hotel
que queda muy inmediato
y pasó la noche en él.

Dijo que muy poco tiempo
aquí va a permanecer,
pues se ausenta para Puebla
a cumplir con su deber.

Fue noviembre veintisiete
cuando esto se anunció,
y el veintiocho en la mañana
hasta Palacio llegó.

Todos los exfederales
con uniforme de gala
en correcta formación
lo esperaron a su entrada.

Las campanas repicaron,
las salvas se sucedieron
y las armas descargaron
las guardias que lo supieron.

El pueblo sin ser llamado,
muy luego se presentó
a darle la bienvenida
por su entereza y valor.

Viva Zapata, señores,
digan todos a una voz,
¡Viva Zapata! que a México
la paz nos viene a traer.

Los soldados de Zapata
son humildes y sinceros,
no son cual los carrancistas
orgullosos y altaneros.

Con traje de labradores
van por la ciudad pasando,
y sin causar mal a nadie
de honradez ejemplo dando.

LA TOMA DE CHILPANCINGO

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Nobles patriotas que en las montañas
ven del pueblo la admiración,
cuando escondidos en las cabañas
se oye el feroz rugir del cañón.

n hombre idiota de mala saña,
que fue D. Luis Gral. Cartón,
diría y cruel de malas entrañas
todo pagaste en una ocasión.

Un pueblo culto, la heroica Cuautla
que investigaba su falsedad,
salvaje bajaste a Cuautla
acostumbrado siempre a incendiar.

Que viva Huerta, muera Zapata,
decían los Juanes sin vacilar,
cuando justa, esa es la Patria
y sus armas ha de ganar.

Fuiste sin duda tú para Huerta
el hombre raro en esta ocasión
y no pensabas que en la revuelta
tú pagarías con tu batallón.

Pero Zapata que estaba alerta
tirando siempre al usurpador,
hasta que tuvo noticia cierta
que al fin bajabas con gran valor.

Hubo una junta en San Pedro Hidalgo
que varios jefes en esta vez,
pues se marchaban con mucho agrado
hacia otros puntos donde usted dirá.

Hay muchos jefes, varios soldados,
que se encontraban con grande fe
de prueba que el Colorado
que por entonces era cuartel.

En Chilpancingo, según se dice,
los generales eran un rey,
también Cartón, Ponciano Benítez
y el Gral. Juan Apoloncy.

Ellos soñaban que eran felices
y resoplaban tanto que un güey,
y los pelones echan de gices
vengan bandidos a comer güey.

Así gritaban los pobres juanes,
sobre las casas de la ciudad,
rompiendo el fuego todos iguales
Cartón gritaban con vanidad.

Muera Zapata, no crean que gana
porque él no tiene capacidad;
que viva Huerta, porque si sabe
regir un pueblo y gobernar.

El general internóse un día
hacia la plaza se dirigió,
cuando Vicario, veloz corría
para salir de la población.

Los zapatistas sólo veían
“alto” y “quién vive”, sólo se oyó.
Cartón gritaba: “viva Chón Díaz”,
y por engaños, así salió.

Ya había batido a los cartonistas,
para Acapulco querían correr
con sus cañones de dinamita,
el sitio aquél querían romper.

Pero arreglados los zapatistas
los esperaban con grande fe,
ya de antemano se hallaban listas
todas las fuerzas a acometer.

Iban corriendo por el camino
haciendo fuego sin descansar,
duró la empresa y el primer tiro
que a los tiranos habían de dar.

También Cartón, el enfurecido,
se parapeta en un tecorral;
allí a balazos fue recibido
y enfurecido hacía fuego mal.

Ya había pasado según la raya
en esa guerra que supe yo,
cayendo en manos del jefe Maya,
a quien su espada luego entregó.

No crea mi jefe que yo me vaya,
yo sólo quiero me haga un favor:
que entierre a mi hijo que en la batalla
hace un momento muerto cayó.

Maya le dijo vaya a enterrarlo
tiene permiso por la ocasión.
Así que vaya y enteirre a su hijo
vamos a hacer su presentación.

Veía a sus deudos como los hijos
hijo de mi alma morir mejor,
tras el sepulcro quiero tal hijo,
yo fui tu padre, adiós, adiós.

Mi general mi alma está grata
benevolencia yo la amaré,
yo queiro ver a alguien de Zapata
y conocerle siempre ansiaré.

Usted es Cartón, el jefe de Cuautla,
mi general no lo negaré,
pues sepa usted que yo soy Zapata
el que por los montes buscaba usted.

Corrido de México libre

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México lindo descubre ese velo
que ciñe tu frente guardando el dolor
para que conozca así el mundo entero
a quien la patria se le debe ese honor.

Diste un hombre de sanos ideales
que encabeza la revolución
se oyó aquel grito por tierras y mares
como proclama de la redención.

El General Emiliano Zapata
guerrero y caudillo de nuestra nación
Francisco I. Madero del plan se retracta
que fue el motivo de la revelión

Año 11 fué el 30 de Agosto
cuando Zapata les dijo a sus hombres
hoy seguiremos peleando con gusto
que de Morelos serán los honores.

Los Generales que voy a nombrar
Otilio Montaño y Jesús Capistrán
fué de su confianza Amador Salazar
Lorenzo Vázquez y Felipe Beltran.

Felipe Neri y Francisco Mendoza
Eufemio Zapata y Francisco Alarcón
Antonio Barona en toma de plazas
con estos se dieron un buen atorón.

En el año de mil novecientos once
noviembre veintiocho fué día memorable
el Plan de Ayala con gusto firmóse
piensa en tu patria que debe salvarse.

Ordenando Emiliano Zapata
aquellos jefes de buen cumplimiento
con su bandera triunfante y sesante
sobre las tierras de el repartimiento.

Presiaremos lo más importante
que fué en el año del doce al catorce
el zapatista peleando con arte
jurando bandera se hizo notable.

Plazas tomadas fué la de Chilapa
de Chilpancingo a Mazatepec
el zapatista el camino les tapa
tomando la hacienda de Zacatepec.

Fuerzas de Ojeda fueron rechazadas
sembrando en Morelos el pánico horror
aunque aquellas fechas han sido pasadas
aquí en nuestro pecho se encuentra el dolor.

Tú nunca olvides mi patria querida
que tienes hombres de mucho valor
el mexicano no aprecia su vida
la da con orgullo probando su honor.

Aquí en Morelos se encuentra la cuna
de aquellos ideales de un buen pensador
y Pablo González desde su tribuna
ordena a Guajardo su plan de traidor.

Año díez y nueve fué el 10 de Abril
cuando Zapata fué sacrificado
aunque de este mundo dejó de existir
aquí en nuestro pecho ha quedado grabado.

EL QUINTO DE ORO

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Lo que es el quinto Regimiento nunca pierde; no
decían los de ése Batallón
cuando a Morelos dispusieron los rebeldes
sitiarlos en la ocasión
sobre las torres y azoteas se veían alegres,
haciendo alarde de instrucciones
porque pensaban que entrarían pero muy breve
toditos en montón.

Nosotros somos disciplinados,
decían con grande satisfacción,
no pistoleros como estos vagos
huamuchileros sin instrucciones,
nosotros somos condecorados
los más valientes de la nación
y el azote de los malcriados
que se han lanzado a la rebelión.

Lo que es aquí no se pasean
como allá en Chiautla no,
con música y fina atención;
porque los hombres que defienden
esta plaza, son de purito León
lo que es aquí con la ametralladora basta
para hacerles su recepción,
y si no corren ya verán lo que se sacan
los indios en la ocasión.

Pobres pelones, tal vez pensaban
que aquí los indios iban a huir,
nomás al ver relumbrar las armas
o al oír los toques de su clarín
pobres pelones, del quinto vayan
y cuenten a otros que por aquí
nomás tres piedras, porque la fama
que hay Zapata no tiene fin.

Era imposible que perdieran nombre y fama, no
los rebeldes de esta región,
porque llevaban a la reina soberana, sí
de nuestra fiel nación;
por eso siempre cuando entraban en campaña, sí
decían con grande veneración
¡Viva la Patria!, ¡Viva la Guadalupana!
y muera la reelección.

Adiós el quinto de oro afamado,
mi pueblo llora tu proceder
pues prometistes el ampararnos
y al fin corriste, qué hemos de hacer
en otras partes habías triunfado,
pero aquí en Cuautla no sé por qué
los calzonudos te corretearon
porque con ellos tan sólo tres.

Versión según Gilberto Vélez

Pobre “Quintito” de oro afamado
no sé cuál era tu proceder
en otras partes habías triunfado
pero aquí en Cuautla no sé por qué.

Nos prometiste el ampararnos
pero corriste, qué hemos de hacer.
Te corretearon los calzonudos
porque a Zapata le tiran tres.

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